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Crónica del Ramadán

Ricardo Ruiz de la Serna
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ricardo_ruiz_delasernayahooes /22/22/28
sábado 14 de agosto de 2010, 21:09h
El miércoles pasado comenzó el mes sagrado de Ramadán, que conmemora la revelación del Corán a Muhammad, el Mensajero de Dios. En toda la Umma, la comunidad de los musulmanes, que se extiende por todo el planeta, el ayuno, la oración y el sacrificio se hacen más presentes en la vida de los creyentes. La disciplina del ayuno no es sólo física sino también moral.

Sin embargo, aunque este mes debiera ser un mes de plegaria y recogimiento, en el pasado hubo guerras durante el Ramadán y ahora los signos de inquietud recorren un mundo islámico en efervescencia. La próxima retirada de las tropas estadounidenses desplegadas en Irak y la guerra en Afganistán se suman a la guerra fría en el Golfo pérsico entre sus monarquías y el régimen de la Revolución Islámica de Irán.

En efecto, Irak ha ido desapareciendo de la escena mediática a medida que los esfuerzos bélicos de los Estados Unidos se centraban en Afganistán y Pakistán, que ahora sufre una gravísima crisis como consecuencia de los desastres naturales de los últimos días. En Bagdad, los líderes políticos y militares iraquíes han advertido del riesgo que corre el país tras la retirada americana. Las fuerzas militares aún no tienen la capacidad de controlar el territorio mientras las fuerzas políticas han sido incapaces de alcanzar un acuerdo que garantice la gobernabilidad. La estrategia de derrotar a Al Qaeda con los efectivos de las milicias suníes y chiíes peligra, entre otros motivos, porque éstas ya no cobran como antes: hay retrasos en los pagos y muchos han quedado sin ocupación a medida que el terrorismo descendía en intensidad. Al Qaeda –que había recibido serios golpes desde la muerte de Abu Musa al Zarkaui, ha regresado.

El otro lado del Golfo, la central nuclear de Bushehr, en Irán, tiene previsto comenzar a funcionar el próximo día 21 de agosto gracias a la cooperación rusa. Las diferencias entre el Gobierno de Teherán y la empresa rusa Rusatom han quedado superadas. Aunque teóricamente no podrá utilizarse con fines militares, nadie está tranquilo con el progreso iraní en su programa de desarrollo nuclear. Las sanciones, restricciones y prohibiciones aprobadas por las Naciones Unidas, los Estados Unidos y la Unión Europea han abierto un nuevo escenario en el que la presión sobre el régimen de los ayatollahs se incrementará si las empresas y Gobiernos las cumplen.

Sin embargo, queda actuar sobre elementos esenciales del régimen de Teherán como el Banco Central de Irán. Es cierto que la Revolución Islámica va perdiendo progresivamente apoyos entre su población, que sufre la opresión de una teocracia que lapida mujeres y ahorca homosexuales, pero el reloj de la represión va más deprisa que el de las reformas y la disidencia. Nadie desea un Irán sumido en el caos, pero los ayatollahs han logrado, por el momento, afianzar su posición frente a los movimientos de oposición gracias a la Guardia Revolucionaria. Las monarquías petroleras del Golfo vacilan entre continuar confiando en el apoyo de los Estados Unidos o redefinir su posición admitiendo que sus vecinos iraníes tendrán armamento nuclear tarde o temprano. En los próximos meses tendrá que perfilarse un escenario en el que se volverá a plantear el debate sobre la intervención militar si las sanciones no son efectivas.

En España, la polémica sobre el uso del burka revela corrientes más profundas en las reivindicaciones de los musulmanes en España. Los incidentes en la frontera de Melilla –donde se ha provocado e injuriado a la Policía Nacional- exigen la intervención del Rey y la visita del Ministro del Interior Alfredo Pérez Rubalcaba al país vecino. De fondo, están las relaciones hispano-marroquíes, que son, cuando menos, peculiares: la Embajada del Reino alauita en Madrid lleva casi nueve meses sin Embajador, algo realmente inusual si las relaciones son tan normales. Las asociaciones de Nador y el llamado Comité Nacional para la Liberación de Ceuta y Melilla, cuya sede está en Tetuán, continúan presionando con un boicot de resultado incierto. La acción del Gobierno en este asunto ha sido tardía y más bien tibia. La policía Nacional, acusada de racismo en las fronteras de Ceuta y Melilla, ha recibido el apoyo de los Gobiernos de las ciudades autónomas mientras parece que, tras la tensión, se esconde el asunto del Sáhara.

Mientras tanto, los españoles secuestrados por Al Qaeda en el Magreb Islámico llevan más de ocho meses de cautiverio.
El Ramadán ha comenzado así. Ojalá termine mejor.

Ricardo Ruiz de la Serna

Analista político

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