Memoria histórica, ¿para qué?
domingo 22 de agosto de 2010, 19:19h
Esta frase me era ayer repetida por un abuelo de larga familia con el que coincido, de vez en cuando, en un bar de mi lugar de vacaciones. Al abuelo, casi nonagenario pero de mente completamente lúcida, no le gustan las “batallitas” del pasado. Él las hizo con los vencidos y los vencedores quitaron brillo a su profesión de maestro. Él sufrió las consecuencias de aquella absurda barbarie y no está dispuesto a que sus hijos, nietos y biznietos recorran el camino del odio que ahora han vuelto a imponer algunos. Esos que retornarán con la cantinela de la “memoria histórica” cuando la cuenta de resultados económicos sea negativa este próximo otoño.
Siempre tengo presentes dos ejemplos que marcaron mi forma de comportarme en la vida y con mis semejantes. Durante mi época de corresponsal de Radio Nacional de España en Roma, entre 1976 y 1982-“años del plomo”, les llamábamos-, informé de muchísimos atentados por parte de las brigadas rojas y de grupos de extrema derecha. Pues bien, en uno de esos episodios muy cerca de mi domicilio romano, hubo un enfrentamiento entre jóvenes misinos y comunistas, a consecuencia del cual murió un muchacho misino y un chaval comunista entró en coma a causa de las gravísimas heridas de bala recibidas. La madre del misino donó los órganos de su hijo para salvar la vida del comunista.
Este fue el primer hecho que me demostró la capacidad humana para perdonar. El segundo ejemplo fue la muerte de un importante catedrático de derecho de la Universidad de Roma y militante democristiano que fue abatido a tiros por un comando de las brigadas rojas. Poco antes de morir obligo a su hijo a jurar que perdonara a sus asesinos.
No se si estos acontecimientos se podrían dar en España. Espero que sí, aunque “los de la memoria histórica” estén haciendo lo posible para el “no”, porque contabilizan los beneficios electorales que puedan surgir de un pueblo desinformado y convenientemente amaestrado en tertulias de sobremesa, donde el ejemplo de vida que se ofrece es el “vale todo”.
Tengo que decir que mi maestro en la vida, mi padre ya fallecido, pasó la guerra civil en Madrid y que con 14 años fue al frente, como enlace en el bando republicano para poder llevarse un trozo de pan a la boca. Nunca, jamás, mi padre me habló con odio de aquellos años. “Es bueno-me decía algunas veces- no olvidar, pero nunca sembrar con el odio de los recuerdos”.
Señor Zapatero no siembre con odio porque esto es muy peligroso. Los españoles nos merecemos ya que la memoria viva también la paz.