Lissavetzky – Jiménez: un tandem mediático
lunes 23 de agosto de 2010, 01:33h
Desde que se destapase la caja de Pandora de las listas electorales del PSM, pocas sorpresas ha habido. Los protagonistas en cuestión se cuidan muy mucho de mostrar sus poderes, conformándose con dejarse ver y hacer una campaña de perfil calculadamente cordial. No interesa al PSOE que entre los suyos se produzca una guerra fratricida al más puro estilo Aguirre-Gallardón; de ahí que desde Ferraz se hayan dado consignas en pro de una política de guante blanco.
Pero, con ser bueno el rebajar la tensión del debate político, no basta para ganar elecciones. Hace falta algo más. Algo que podría tener Tomás Gómez, que lleva batiéndose el cobre tres largos años e intentando salvar el naufragio que provocó la derrota electoral de su antecesor, Rafael Simancas. Pero algo que, a día de hoy, difícilmente tienen los otros dos actores en esta contienda, Jaime Lissavetzky y Trinidad Jiménez. Las credenciales del primero son interesantes para los tiempos que corren: es persona razonable, sensata y con una buena preparación académica –algo infrecuente en el PSOE de Zapatero. Pero su experiencia de gestión es reducida. Sus méritos consisten sobre todo en aparecer retratado junto a deportistas de éxito y poco más; la Secretaría de Estado para el Deporte no da para mucho más. Por lo que hace a la segunda, ya salió trasquilada en una anterior pugna con Gallardón y, en cuanto a su labor al frente de Sanidad, es más de representación que otra cosa, ya que la mayoría de las competencias están transferidas a las comunidades autónomas.
Con todo, ambos son dos candidatos bastante presentables, a la vista del panorama político nacional. Pero cuentan con el lastre de ir avalados por José Luis Rodríguez Zapatero y sus desconcertantes políticas improvisadas, radicales e identitarias. Semejante aval, en las actuales circunstancias, resta en lugar de sumar. Máxime en Madrid, una ciudad moderna y progresiva, que cuenta con un electorado informado y donde el voto es más pensado y ponderado que en otros lugares menos dados a variar su intención electoral. De ahí el temor de muchos de los militantes socialistas de Madrid, temerosos de que les vuelvan a imponer soluciones “paracaidistas”, más en función de sondeos puntuales que de realidades tangibles. Vaya quien vaya al final, sería deseable que lo hiciera con recetas autóctonas y no importadas de Moncloa o Ferraz. Sería bueno, no sólo para los propios socialistas, sino para todo el electorado madrileño en general.