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reseña

Max Otte: El crash de la información. Los mecanismos de la desinformación cotidiana

sábado 28 de agosto de 2010, 00:53h
Max Otte: El crash de la información. Los mecanismos de la desinformación cotidiana. Traducción de Juanmari López de Sa Madariaga. Ariel. Barcelona, 2010. 320 páginas. 21 €
El crash de la información, de Max Otte, describe los mecanismos y los elementos a través de los cuales la desinformación estaría destruyendo a nuestra sociedad. Pese a descartar una “teoría conspirativa”, Otte, conocido como “el profeta de la crisis” por su libro ¡Que viene la crisis! de 2006, insta que más que “en la sociedad de la información y del conocimiento”, vivimos en un mundo de desinformación, que afecta a toda la sociedad. Prolijamente avalado por rigurosos datos e informaciones, el libro explica cómo las grandes empresas, los políticos, los economistas y, sobre todo, los periodistas, desorientan a los ciudadanos, brindándoles informaciones confusas, incomprensibles y, frecuentemente, falaces. Se trata de un sistema de “desinformación cotidiano”, una manipulación constante, una desorientación deliberada, que está generando un colapso social general.

En conjunto, se trata de una obra entretenida y bien escrita, con varias referencias a la filosofía alemana. El autor explica el modo en que los medios de comunicación contribuyen a la desinformación, a mantenernos resignados y apáticos a los ciudadanos frente a un capitalismo “vampirizado” que se retroalimenta de sus propias quiebras y fracasos, sin cuestionarse. El sensacionalismo domina prácticamente todos los medios, abogando por la idea que “una información sólo es buena, cuando se puede publicar rápidamente, adelantándose a los demás”, lo que no implica comprobar su veracidad, ya que luego se puede desmentir.

Propaganda, publicidad, marketing, departamentos de comunicación, relaciones públicas: elementos todos con el mismo objetivo (la desinformación), pero usando medios diferentes como –por ejemplo– “informar sin informar”, ofrecer una información sobreabundante que contrarreste la verdad, o entregar sólo información superflua, apostando por la falta de transparencia. Sobre este asunto, el autor muestra hasta qué punto se están enturbiando muchas facetas de nuestra vida: la posibilidad de contar con informaciones distintas no equivale a estar más o mejor informados. Por eso, el libro no se limita a explicar la actual crisis o el colapso de los mercados financieros, sino que se adentra en profundidad en el mundo de la desinformación, demostrando sus teorías con numerosos casos de engaños de las grandes empresas; de las compañías telefónicas y de sus tarifas embaucadoras, plagadas de cláusulas ocultas; de la industria alimentaria donde abundan las “artimañas”; sin olvidar los artificios de los bancos con sus clientes, la cultura de la imagen en política en menoscabo del contenido o al papel de Internet como “minería de datos” para las grandes cadenas comerciales.

Max Otte ofrece una visión crítica lúcida, denunciando el “neo-feudalismo” financiero, que nos reduce en nuevos siervos de la gleba y atacando el consumismo exasperado y el deseo de lo “superfluo”; y finalmente, ofreciendo posibles recetas para salir del atolladero socio-económico en que nos revolvemos. Son pequeños consejos útiles para aprender a consumir, a exigir una información veraz, a protegerse frente a la desinformación. Las recomendaciones finales sirven para fomentar el necesario espíritu crítico frente a la “desinformación interesada” y la macdonalización de la sociedad, que nos hacen adoptar comportamientos erráticos, favorables a los intereses de los poderosos.

Por Andrea Donofrio
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