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Érase una vez Italia

Andrea Donofrio
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adonofriohotmailcom/9/9/17
domingo 29 de agosto de 2010, 13:12h
Abril de 2008: Berlusconi y Pueblo de la Libertad (PdL) ganan las elecciones legislativas con la mayoría más amplia de la historia republicana italiana. Anunciaban reformas, prometían cambios radicales en la vida de los italianos.

Verano de 2010: la crisis del Gobierno Berlusconi se agrava y se habla con insistencia de elecciones anticipadas. Pero, ¿qué ha pasado? En apenas dos años, ¿han aparecido todas las anomalías que preconizaba en las anteriores colaboraciones? ¿Cómo ha podido un Gobierno con tanto poder ser tan inoperante y vano? Personalismos, intereses privados, populismo, megalomanías. Pero no sólo esto: en apenas dos años, el escenario político italiano parece haber cambiado sustancialmente.

Érase una vez el centro-derecha. Triunfador de las últimas elecciones, el PdL se presentaba como una formación unida bajo la incuestionable guía de Berlusconi y caracterizada por la estabilidad política del partido ex-fascista de Fini y el ascenso electoral de la Lega, prometedoras de federalismo y de un “futuro mejor” para los habitantes del Norte Italia. De todo eso, ahora queda poco: una vez desvelados sus trapicheos, Berlusconi se ha convertido en un líder cuestionable y criticado, que se indigna si hurgan en su “vida privada” (Casoriagate y la posible afición por menores de edad, las envidiables fiestas de Villa Certosa…) mientras tolera -quizás alimenta- los ataques a sus enemigos políticos (Fini) o a sus críticos (Boffo). Sin embargo, sus aliados no están mucho mejor: traicionadas las promesas electorales, Bossi no consigue ir más allá del insulto y de un presunto delirio senil, preocupado por la sucesión a su hijo “el trota” (literalmente, la trucha: ¿le llamarán así por la expresión muy poco viva de su cara?) de la guía del partido y mostrando que su peligroso populismo de poco ha servido; Fini, el delfín convertido en tiburón, sigue sin aclarar su rumbo político y, por oportunismo, baraja la oportunidad de volver a sellar un “matrimonio a la italiana” con Berlusconi.

Pero, érase una vez la oposición, una alternativa política. El Partido democrático carece de un líder, de un programa político y, después de dos años prometiendo avances y unidad dentro sus antagónicas corrientes, sigue fragmentado e inofensivo. Como ya recordábamos, el PD ha sido incapaz de postularse como alternativa creíble y tampoco parece preparado para una nueva competición electoral que, al contrario, le proporcionaría más temores de una derrota que esperanzas de victoria. Ya no se trata de crear nuevamente una formación política como el antiguo PCI, basado en “grandes valores” y de arraigo popular: simplemente, debería proponerse como objetivo la creación de un partido coherente, con un líder preparado políticamente y con un programa eficaz y factible. Parece poco, pero en este desierto de ideas y de figuras parece una quimera.

Érase una vez la política con su dialéctica, la retórica y los debates como elementos característicos y propios. Ahora el lenguaje político se rige sólo por el insulto, la ofensa y el desprecio. La clase política italiana nos ha regalado un verano de insultos, conspiraciones, mezquinas vendettas e ínfimas acusaciones (la revista Famiglia Cristiana define la estrategia del berlusconismo como “destrucción del disidente en un intento de librarse, como sea, de los delitos propios y ajenos”). Todos acusan a todos con exclamaciones no propio extrapoladas por la Divina Commedia, mientras tanto, Berlusconi ya ha entrado en campaña política y de fichajes (compra de diputados opositores o tránsfugos para recomponer la mayoría perdida).

En este desconsolado panorama, adquieren nueva relevancia las fuerzas centristas, animadas por el deseo de recuperar el antiguo protagonismo (y poder). La progresión de los católicos y de los moderados pone en peligro el bipartidismo de los últimos años y aumenta la incertidumbre sobre el futuro del país, desequilibrando una situación ya precaria.

A la luz de eso, el clima político italiano resulta envenenado, perjudicando la estabilidad institucional y la ya precaria eficacia del Gobierno. Lamentablemente nadie se comprometería a afirmar que se ha tocado el nivel más bajo. En el estado actual, cabe la posibilidad de esperar cualquier tipo de eventos y no se descarta ninguna opción: gobierno técnico, elecciones anticipadas, pacto en la derecha, Berlusconi-ave fénix que renace una vez más de sus cenizas y consigue un nuevo triunfo arrollador o una inesperada sant’elena o un huida craxiana a Hammamet. Los italianos vuelven de sus vacaciones curiosos y preocupados, recordando que “érase una vez Italia”.

Andrea Donofrio

Politólogo

Andrea Donofrio es politólogo, experto en Relaciones Internacionales e investigador del Instituto Ortega y Gasset

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