La jubilación de un catedrático ejemplar
José Manuel Cuenca Toribio
lunes 30 de agosto de 2010, 16:58h
El cangilón otoñal de la noria burocrática universitaria del 2010 nos trae la noticia de la jubilación del catedrático hispalense R. Sánchez Mantero. En el denso cursus honorum del discípulo predilecto del gran contemporaneísta J. L. Comellas se alzaprima una nota aparentemente contradictoria. Con una trayectoria administrativa y académica transcurrida exclusivamente en su ciudad natal, la carrera del mejor conocedor del tránsito del antiguo régimen español se oreó asiduamente con los aires de las Universidades occidentales más prestigiosas a una y otra orilla del Atlántico. De formación inicial francesa –cuya lengua posee admirablemente-, la cultura historiográfica anglosajona impregnó hondamente su andadura ulterior, con frecuentes estancias en Gran Bretaña y los Estados Unidos así como en diversos países de su mismo idioma. Tal cercanía –idiosincrásica y cultural- le rendiría muy útiles servicios en sus puestos de gestión, como los de vicerrector y, sobre todo, como director de un Departamento de envidiable fecundidad y convivencia.
Pues, con dichos antecedentes y educado en la Facultad de Filosofía y Letras de la Sevilla de los inicios de la década prodigiosa, resulta ocioso aclarar que el Prof. Sánchez Mantero es un liberal no sólo por la obligada empatía con su tema de estudio preferente, sino muy especialmente su cosmovisión y comportamiento. Universitario de la época en la que el Alma Mater hispana estuviera sometida a las formulaciones doctrinales más radicalizadas y sectarias, su conducta hizo invariablemente honor al código ético que adoptase en la adolescencia, con muy positivos efectos para el trabajo de sus muchos y diversos colaboradores. Estrecho amigo de J. Tusell –con el que concurriera en 1975 a la más famosa y polémica oposición a cátedra de Hª Contemporánea de las celebradas en España-, de José Varela Ortega y de otros colegas situados en su misma órbita intelectual, sus relaciones con otros muchos integrantes del tensionado gremio fueron en todo instante modelo de diálogo y cooperación profesional. Si su producción bibliográfica se ofrece, cuantitativa y, en especial, cualitativamente, destacada, su notoria aportación a un clima científico de un mínimo de sosiego y respeto será altamente valorada cuando se acometa la historia cultural del ebullente periodo de la Transición.
Afortunadamente, en los meses próximos no habrá una “desmovilización” de la poderosa máquina intelectual del autor de algún título imprescindible en la más selecta y acribiosa historiografía sobre la España liberal. Hombre de inquietudes culturales múltiples –melómano impar, cinéfilo ahincado, incursionista impenitente-, su taller de Clío continuará elaborando cinceladas piezas, al tiempo que proseguirá la dirección de varios estudios de sus últimos discípulos y el consejo a los antiguos. En una nación como la nuestra –y el rasgo quizá se encuentre peraltado en Andalucía-, en la que el esprit de suite descuella por su ausencia, contar con una escuela historiográfica de –a la fecha…- tres generaciones raya desde luego en la sorpresa más reseñable y feliz. Y, como en todos los milagros, tras él existe una figura bien concreta. La de la ocasión presente proseguirá, a buen seguro, irradiando ejemplaridad y afán de entendimiento en un paisaje, por todas las trazas, harto necesitado de ello. Mientras que su magisterio y hombría de bien permanezcan activos, la sociedad española tendrá en el Prof. R. Sánchez Mantero, hoy ya catedrático emérito de la Universidad Hispalense, una referencia luminosa.