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Cambio climático : De Copenhague a Cancún

sábado 04 de septiembre de 2010, 14:21h
La última Cumbre sobre Cambio Climático concluyo apenas “tomando nota” del denominado “Acuerdo de Copenhague”, ya que no pudo ser aprobado por consenso. Esto significa que hasta ahora este Acuerdo es meramente “político” y carece de eficacia jurídica vinculante. El Acuerdo de Copenhague, con todas sus limitaciones, podría ser considerado como el “primer” paso hacia la construcción solidaria entre las naciones de una respuesta globalmente eficaz a la amenaza climática. Esperemos que en la próxima COP16 que se celebrara en México recuperemos el tiempo perdido hasta ahora.

Quienes participaron de la reunión de Copenhague sobre cambio climático sabían de antemano que las negociaciones serian muy complejas por tres razones. Primero, los países industrializados con compromisos de reducción de sus emisiones representan apenas el 28 por ciento de las emisiones mundiales. Segundo, Estados Unidos que fue hasta hace poco el principal contaminador no había asumido ningún compromiso en Kioto (21 por ciento del total mundial de emisiones). Y en tercer lugar, el mundo en desarrollo no estaba obligado a realizar reducciones de sus emisiones, que ya alcanzan al 50 por ciento del total (China es ya el primer país contaminador con más del 21 por ciento de las emisiones totales). La negociación se complicaba aun mas cuando se consideran las diferencias en las emisiones por habitante .Si bien China ya contamina más que los Estados Unidos, cada chino emite la cuarta parte que un norteamericano. Aquí radicaba uno de los escollos para lograr un acuerdo. En los países desarrollados vive apenas el 16 por ciento de la humanidad, sin embargo sus emisiones representan dos tercios del total históricamente acumulado.

En promedio los países desarrollados emiten 15 toneladas de CO2 por habitante, mientras que los países de ingresos medios emiten 5 y los países pobres apenas 2. Un acuerdo internacional tiene que ser no solo eficiente (preservar el planeta al mínimo costo económico) sino también equitativo entre las naciones, prestando atención al nivel de desarrollo de cada una de ellas y también a la distinta responsabilidad histórica en la acumulación de dióxido de carbono en la atmosfera. Una propuesta que cumple este doble requisito es la formulada por el Consejo Asesor sobre Cambio Climático del gobierno alemán. Esta propuesta, conocida como “The budget approach”, se basa en la distribución igualitaria entre todos los habitantes del planeta de los cupos de emisiones tolerables hasta el año 2050; estos cupos son consistentes con el objetivo de limitar el incremento de la temperatura a menos de 2 grados. En este esquema los países centrales obviamente agotan su cupo mucho antes del 2050, mientras que los países en desarrollo reciben cupos de una duración temporal mucho mayor por la sencilla razón que, como hemos visto, sus habitantes contaminan mucho menos. Por ejemplo, Estados Unidos agota su cupo en apenas 6 años mientras que a la India le alcanza para casi 90 años.

Esta distribución igualitaria cumple el requisito de equidad, pero como al mismo tiempo la propuesta postula la flexibilización de los cupos asignados a cada nación mediante la libre negociación de compra-venta también cumple el requisito de eficiencia, ya que emergería en el mercado un precio por unidad de dióxido de carbono que internalizaría esta externalidad negativa. El flujo financiero desde países centrales hacia países en desarrollo por la compra de cupos podría superar los 100.000 millones de dólares anuales.

Desde ya que administrar estos nuevos derechos de “propiedad” sobre las únicas emisiones que serán toleradas exige no solo un acuerdo con reglas estrictas aplicables a todas las naciones, sino también una autoridad global que lo haga cumplir. El año pasado el Papa se refirió acertadamente a esta cuestión en su encíclica Caritas in Veritate, cuando expresó “Las autoridades han de hacer los esfuerzos necesarios para que los costos económicos y sociales que se derivan del uso de los recursos ambientales comunes se reconozcan de manera transparente, y que sean sufragados totalmente por aquellos que se benefician y no por otros o por las futuras generaciones….para garantizar la salvaguardia del ambiente urge la presencia de una verdadera autoridad política mundial”. Es hora de reconocer que sin un acuerdo y una autoridad global no podremos encarar exitosamente la amenaza global climática.

Alieto Guadagni

Economista

ALIETO GUADAGNI es economista graduado en la Universidad Nacional de Buenos Aires, con estudios de postgrado en la Universidad de Chile y Doctorado en la Universidad de California (Berkeley)

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