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La Diada: in crescendo en secesionismo y la burla de los catalanistas

domingo 12 de septiembre de 2010, 11:50h
De un tiempo a esta parte, la celebración del Día de Cataluña se ha convertido en una suerte de competición por ver qué fuerza política va más allá en sus flirteos con el secesionismo. Así, los discursos de la Diada suelen ser auténtica soflamas en las que el político de turno intenta diferenciarse de los demás en su victimismo hacia el resto de España por un lado, y su distancia con la legalidad vigente, por otro. Este año, además, ha estado muy presente la sentencia del Estatut. Algo inevitable, si se tiene en cuenta que el Tribunal Constitucional ha puesto coto a un cúmulo de desafueros -porque, desde un punto de vista estrictamente jurídico y en determinados aspectos, el texto autonómico no encajaba en la Constitución- de los que gran parte de la clase política catalana había hecho bandera.


Porque en Cataluña conviene distinguir al electorado de sus representantes públicos. No todos los votantes de CIU y el PSC son independentistas, aunque el discurso de sus líderes haga pensar otra cosa. Tampoco están especialmente identificados con sus propuestas, como así reflejan los índices de participación de los referenda ilegales por la independencia, no superando ninguno de ellos el quince por ciento de participación. Otro tanto sucedió con el Estatut, sobre el cual no llegó a pronunciarse ni la mitad del electorado catalán. Conviene decir la verdad, sobre todo decírsela a los catalanes nacionalistas. Aquí no ha habido pacto entre los partidos catalanes y los del resto de España. Más bien, el señor Zapatero ha utilizado un texto soberanista muy minoritario -ni siquiera acordado con el PSC, no hablemos ya de los socialistas en general, para no mencionar al PP- como ariete para marginar a los populares del sistema. Una maniobra faccionalista tan rebuscada no podía traer más que desastres: la frustración de los partidos nacionalistas catalanes, burlados por el Presidente, y la irritación de una gran parte del electorado en el resto de España que veía un intento de endosarle un cambio constitucional por la puerta de atrás.


España es uno de los estados más descentralizados del mundo, y sus comunidades autónomas, las entidades con mayor cuota de autogobierno. La cesión de determinadas competencias, en el sentir de una mayoría abrumadora del electorado español –el socialista incluido- ha ido ya demasiado lejos, sobre todo con José Luis Rodríguez Zapatero., verdadero responsable de la agitación política derivada del Estatut y sus consecuencias. Es hora ya de cerrar definitivamente un proceso autonómico que aúna despilfarro, inutilidad y fractura social. También en Cataluña. Que cada cual conmemore lo que le plaza -en el caso de Cataluña, conviene recordarlo, Rafael Casanova no era independentista, sino partidario de los Austrias en su lucha contra los Borbones durante la Guerra de Sucesión española-, pero que respete ante todo las reglas de juego. Unas reglas que empiezan por acatar las resoluciones judiciales y siguen por no fomentar la división entre españoles.
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