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¿Además de conveniente, es viable un Estado Palestino?

miércoles 15 de septiembre de 2010, 00:17h
Las conversaciones entre el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, y el presidente de la Autoridad Palestina, Mahmud Abbas, siguen su curso. Por sí mismo, eso ya es una buena noticia, impensable no hace mucho. El débil liderazgo de Abbas y la torpeza radical de Netanyahu con su política de asentamientos amenazaban con reventar un diálogo que nunca ha sido fácil. De ahí que la discreción sea la nota predominante en este nuevo intento de lograr un acuerdo de paz tan necesario como urgente.

No obstante, sí han trascendido unas declaraciones del enviado de Estados Unidos a Oriente Próximo, George Mitchell, en las que dejaba la puerta abierta un eventual Estado Palestino. Esta vieja reivindicación, por lo demás bastante lógica, merece una serie de consideraciones insoslayables, tanto de índole política como económica. Con respecto a esto último, hay que decir que en la actualidad, Palestina sobrevive únicamente gracias a las donaciones internacionales. No posee tejido productivo alguno, lo hace que su viabilidad como estado sea muy cuestionable.

Además, tampoco se dan las condiciones de seguridad que garanticen una mínima estabilidad, ya que desde hace tiempo subyace una guerra civil no declarada entre las diversas facciones palestinas. Para colmo, la idea no siempre recibe el apoyo sincero de los estados árabes limítrofes, fuera de la obligada retórica. Y sucede que los tres requisitos, tanto el político como el económico e internacional, se antojan imprescindibles para que la aspiración de un Estado Palestino pueda hacerse realidad. Para que la comunidad internacional realizase inversiones en Palestina que garantizasen en un primer momento su viabilidad económica sería necesario que sus dirigentes adoptasen el compromiso en firme de renunciar a la violencia, aceptar la existencia y las fronteras de Israel y convivir del mismo modo que jordanos y egipcios, por poner dos casos cercanos, lo hacen con Israel. Posiblemente entonces Tel Aviv deje de una vez su inaceptable política de asentamientos y se plantee que es posible una convivencia en paz, sin grandes alharacas, pero suficiente. Ese sería el primer paso para una paz con visos de continuidad.

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