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Turquía, el día después

Víctor Morales Lezcano
viernes 17 de septiembre de 2010, 19:05h
La cita con las urnas que había contraído el pueblo de Turquía en fecha del 12 de septiembre pasado, fue convocada para dilucidar -en principio y formalmente- si la mayoría de los 50 millones de ciudadanos con derecho a voto estaban a favor -o no- del conjunto de reformas constitucionales propuesto por el gobierno de Erdogan.

Hasta el momento, el resultado obtenido en el referéndum convocado por el AKP (Partido de la Justicia y del Desarrollo) ha sido favorable al partido de los musulmanes reformistas. Reformadores no sólo de algunos aspectos del legado kemalista, sino en particular de la Constitución que la cúpula militar de la República impuso a la sociedad turca un par de años después del golpe de Estado de 1980.

A efectos de la Consulta -como se estilaba decir en el Siglo de las Luces, y también, en la tradición jurídico-religiosa del Islam (Shura)-, tanto el AKP como su principal contrincante, Partido Republicano (del Pueblo), CHP (en sigla local), ejecutaron varias representaciones políticas para atraerse el voto mayoritario hacia una formación u otra.

El 12 de septiembre, el AKP (según la Agencia de Noticias Republicana, con asiento en Ánkara) obtuvo el 58% de votos, mientras que su contrincante (CHP) alcanzó el 42% del cupo electoral. Nacionalistas turanios, turcómanos y kurdos quedaron fuera de juego en amplia medida. Bipolarización, pues, de las fuerzas políticas turcas. Y, además, consolidación del apoyo popular al Partido de la Justicia y del Desarrollo, que -a propósito- convocará elecciones generales en la primavera de 2011 con visos de una nueva victoria en las urnas.

Last but not least, respaldo amplio a la figura de Erdogan y a su programa pro-europeísta, y social, canalizado a través de la praxis caritativa de inspiración islámica; desdibujamiento, por el contrario, del candidato republicano Beykal Kiliçdaroglu (¿Kemal? en guiño humorístico circulante en el transcurso de la campaña electoral).

De ahí el comentario del presidente de Gobierno al filo de la difusión del referéndum que se acaba de celebrar: “La democracia en Turquía se encuentra ahora en un momento de inflexión. Estamos experimentando una puesta a prueba de importancia”. El ministro de Justicia, Sadullah Ergin, se ha pronunciado, naturalmente, en esta línea de consideración de conjunto a la que se han opuesto figuras descollantes en el mundo de la cátedra, como la del Profesor Levent Köker y Emre Kongar; de la prensa, caso de Sedat Ergin y Mustapha Balbay. Frase condensatoria, donde la haya, de esta oposición kemalista al gabinete Erdogan: “los cambios que se pretenden no significan sino que el partido en el gobierno intenta ganar a su causa a las instituciones (fuerzas armadas/esferas jurídicas) que no le apoyan” .

Por si no se recordara, desde hace meses ha prevalecido en la sociedad turca un clima de contaminación política creciente. De un lado, los índices acusatorios apuntaban desde Ankara a los complots antigubernamentales urdidos por la trama Ergenekon; de otro, los republicano-kemalistas han estado husmeando constantemente en un entorno de islamismo sectario afecto al AKP (Gulenistas).

Aquí y ahora no cabe engañarse: Turquía, una vez más en su historia moderna, vuelve a dividirse ante los retos del tiempo presente.

En el siglo XIX fueron los reformistas modernizadores del período Tanzimat versus los otomanistas conservadores; luego acaeció la revolución kemalista a partir de 1923. Ahora, Turquía vive horas dramáticas que pueden ser horas ineludibles en la trayectoria de una sociedad cualquiera; y que, en Turquía, pueden conducir a un sistema bipartidista constituido por un bloque republicano-conservador que hoy lidera R. Taieb Erdogan, y otro bloque republicano-liberal que viene padeciendo de un déficit de liderazgo endémico desde los días de Turgut Özal y Süleyman Demirel.

Quizá el futuro coloque a la nación y al pueblo turco en ese bipartidismo con el que ¡ojalá! se identifiquen también las minorías étnicas y culturales de toda Anatolia y sus márgenes fronterizos.

Demirel, presidente de la República en los años 90, apostó por la compatibilidad entre el legado tripartito de Turquía -Islam, democracia, secularidad-, al que el autor de esta columna añadiría la probada capacidad de potencia regional intermediaria, o amicabilis compositor, en la que Turquía se ha ido forjando una valiosa experiencia histórica, hoy más que nunca necesaria en el proceso de reconciliación que atraviesa Oriente Medio.

Víctor Morales Lezcano

Historiador. Profesor emérito (UNED)

VÍCTOR MORALES LEZCANO es director del Seminario de Fuentes Orales y Gráficas (UNED) y autor de varias monografías sobre España y el Magreb

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