No a la tasa bancaria
jueves 23 de septiembre de 2010, 01:02h
Los operarios retiran los cartelitos que dan nombre a los dirigentes, procedentes de todo el mundo, que han participado en la Asamblea General de las Naciones Unidas. Cuando hayan terminado, no habrá quedado nada, excepto la reproducción en los medios de comunicación de las palabras de los políticos, más unos pocos documentos oficiales de la ONU que muy pocos tienen el arrojo de leer.
Era una convocatoria de exámenes ante los Objetivos del Milenio. Unos exámenes trucados, porque todos son profesores. Dos de ellos, Nicolas Sarkozy y José Luis Rodríguez Zapatero, han presentado dos trabajos propios de una redacción de Bachillerato. Hay pobreza en el mundo y para solucionarla hay que darles dinero. Y, el modo de hacerlo, es imponiendo una tasa a las transacciones bancarias. Fin de la redacción, de las ideas y del hambre en el mundo.
Sólo que no es tan fácil. Se identifica a la pobreza con la falta de dinero, cuando la pobreza es falta de riqueza. Y eso no es lo mismo. La riqueza es un conjunto de medios puestos al servicio de la satisfacción, bien inmediata, bien futura, de las necesidades del hombre. Un flujo de dinero mejora la capacidad de consumo, pero si no se ahorra una parte y se invierte, no se está creando riqueza. Los países pobres lo son porque el entorno institucional no favorece o bien el comercio, o bien la acumulación de capital, que son los dos vectores del desarrollo. Y si la situación es esta de ordinario, eso no cambiará con la llegada de la ayuda.
Además, los dirigentes de los países más pobres ven en los ricos bolsillos occidentales una oportunidad de oro para acondicionar los suyos propios. Es fácil. Sólo tienen que asegurarse de que su población estará sumida en la miseria y de que las lacerantes imágenes de enfermedades y desnutrición llegarán a los hogares de los países ricos. Es muy importante cercenar cualquier atisbo de recuperación económica, pues ello arruinaría el negocio. ¿Es de extrañar que los países de África que más ayuda exterior han recibido son, precisamente, los más pobres, hoy, como hace tres o cuatro décadas?
Ah, pero eso da igual. Ni a Sarko, ni a Zapatero les importan los pobres del mundo, sino sus ricos votantes, que para su vida diaria no necesitan saber que la propuesta es inane -como ha dicho el director de Funcas con palabras más gruesas- y de hecho en su mayoría no lo sabrán. Pero lo paradójico de todo ello es que también a los ricos votantes la tasa les hace daño.
La justificación ideológica del invento es que la especulación causó la crisis económica y que la tasa la reducirá, dejando por tanto un mundo menos proclives a los ciclos. Pero la especulación es buena y ni su tamaño provocó la actual situación, ni reducirlo lo va a mejorar; todo lo contrario. No es su volumen, sino su dirección lo que llevó al mundo por el camino de la deuda de dimensiones astronómicas, y que ha implosionado en una ciénaga de papel. Y esa dirección la marcaron los bancos centrales. Es contra ellos, y no contra la banca privada, donde deben dirigirse todas las miradas.