Gómez le perdona la vida a Zapatero
José Antonio Sentís
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directorgeneralelimparciales/15/15/27
miércoles 06 de octubre de 2010, 21:20h
El ajustado vencedor de las primarias socialistas de Madrid, Tomás Gómez, parece no caber en sí de gozo. Tanto, como para perdonar la vida a Zapatero, humillantemente derrotado a través de su candidata Trinidad Jiménez, y ofrecerle en entrevista con El País todo su apoyo para vencer a las encuestas (en lugar de decir que el propio Zapatero las vencería sin ayuda).
Es lo que tiene la victoria en una confrontación, deportiva o política. Gómez, conocido básicamente en Parla (Madrid), aunque aupado ahora a la popularidad por la torpeza suicida de Zapatero y sus escuderos Blanco y Rubalcaba, se siente ganador del premio Nobel de Economía, del Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades y del Festival del Cante de las Minas. Porque le han votado unos siete mil militantes socialistas sobre un censo de 18.000 de la causa y sobre un total de cuatro millones, arriba o abajo, de madrileños.
A Gómez, según ha dicho, le saludan por la calle. Y le gritan “presidente, presidente”. Y eso es muy bueno para su autoestima. Tanto que puede ser difícil persuadirle de que lo suyo puede ser el comienzo de una gran carrera, o la mejor manera de estrellarse rápidamente.
Para empezar, no es tarea fácil triunfar con el uso de la condescendencia frente a un político con pasión por el liderazgo como Zapatero. Menos aún, si en la trama aparecen otros personajes con colmillos hasta el suelo, como Blanco y Rubalcaba. Y, por si fuera poco, aún más difícil es convencer al electorado de que un personaje parcialmente querido en el PSOE pueda medirse con éxito a una de las personalidades políticas más sólidas en su entorno, como es Esperanza Aguirre.
Pero estamos en eso, en el lugar en el que los dioses de las primarias ciegan a quienes quieren perder. Por eso, Gómez se expresa ahora como el astuto David que puede vencer a cualquier Goliat y ha pasado del anonimato a atreverse con cualquier disputa. Pues, siendo estructuralmente, ideológicamente, casi físicamente, como Zapatero, ¿por qué no disputarle a éste el imperio decadente?
Tal vez nada de esto haya pasado por la cabeza de Gómez (aunque mentirían los políticos si no dijeran que en su fuero interno no han soñado alguna vez con el liderazgo partidario y con la presidencia del Gobierno). Pero sí puede haber sucedido, como mera hipótesis, que Zapatero, Blanco y Rubalcaba, por este orden o por el inverso, hayan visto el fantasma de una amenaza sobre el estatus que han construido para sí por laminación de toda disidencia en el PSOE. Que hayan pensado que un modelo Gómez, por extravagante que parezca, puede resultar una incomodidad en tiempos de tribulación, como los que atenazan al Gobierno y a su partido.
No se explica de otro modo el empeño del trío socialista dominante por frenar a Gómez. Porque aducir posibilidades electorales a Trinidad Jiménez, cruelmente derrotada por Gallardón, sobre Esperanza Aguirre, siempre sonó a chiste. Y puesto que, como decía Sherlock Holmes, cuando se descarta lo imposible lo improbable es real, si el trío de La Moncloa intentó laminar a Gómez es, por extraño que parezca, porque lo consideraban una alternativa incómoda.
Seguramente, ese esfuerzo sólo puede generar melancolía. Porque Gómez tendrá que ganar ahora a Esperanza Aguirre (es decir, no perder demasiado) y eso es difícil. Y, después, también tendrá que ganar a Zapatero, y eso tampoco le resultará fácil. Por eso, el nuevo candidato socialista tiene un proceloso porvenir ante sí, con cantidad de obstáculos con fuego real, y no con los disparos de fogueo de las primarias.
El cuadro que queda es el siguiente: Zapatero y todos los suyos dicen apoyar a Gómez. Gómez dice apoyar a Zapatero. Pero ambos, si nos atenemos a comentarios de fuentes socialistas, se miran de reojo. Y ya no se sabe si Zapatero prefiere la derrota de Gómez en Madrid, o si Gómez prefiere la derrota de Zapatero en España. Porque la vida política les ha convertido en rivales, no tanto por lo que Gómez es, sino por lo que Zapatero ha dejado de ser.
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Director general de EL IMPARCIAL.
JOSÉ A. SENTÍS es director Adjunto de EL IMPARCIAL
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