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Venezuela y México: dos estados en peligro

Juan Federico Arriola
domingo 17 de octubre de 2010, 16:23h
Venezuela va de mal en peor. Su dictador está enfadado con los resultados electorales recientes, ¡y cómo no! si el señor Chávez quiere todo el control político y económico del país. Chávez es una joya para la criminología contemporánea: en 1992 fue golpista, y su intento de golpe de Estado no fue contra una dictadura sino contra un sistema democrático que desde luego tenía fallas, pero que tenía más virtudes que el actual gobierno venezolano.

Chávez protegió a Vladimiro Montesinos, hombre fuerte del autogolpista Fujimori, que se escondió durante un tiempo hasta que fue devuelto a Perú para ser procesado. Chávez elogió a los guerrilleros colombianos de las FARC y los etiquetó de revolucionarios. Me pregunto qué tiene de revolucionario un grupo delictivo financiado por el narcotráfico, y que se dedicaba al secuestro, al terrorismo y al chantaje político. Pero la carrera criminal de Chávez no termina ahí. Ahora se ha comprobado que el gobierno actual de Venezuela ha dado cobijo y entrenamiento a miembros activos del grupo terrorista vasco, ETA. Además Chávez tiene vinculos estrechos con los dictadores cubanos y tiene un nexo cada vez más cercano con Moscú.

El primer ministro ruso, Vladimir Putin ha contestado a las agresiones de Estados Unidos en el este europeo de incorporar a antiguas repúblicas soviéticas y antiguos satélites de Moscú a la órbita de la OTAN. La contestación es venta de armas a Venezuela y ayuda nuclear. Chávez está ebrio de poder y no dejará la presidencia fácilmente. Invoca a Bolívar y en realidad desconoce la figura de El Libertador, que fue tan grande que Miguel de Unamuno lo denominó en el Ateneo de Madrid, como El Libertador de España. El proyecto bolivariano no tiene nada que ver con la dictadura chavista, nada. Venezuela está en peligro de convertirse en un Estado monolítico, donde el poder y la riqueza se concentren en un círculo muy estrecho en detrimento de los propios venezolanos.

México es un caso distinto y más grave. Su sistema democrático padece inanición. Ante los problemas estructurales más graves, los políticos mexicanos contestan con opacidad. No hay transparencia en los gastos públicos. El sistema pluripartidista se rinde ante caciques de pueblo y aprendices de brujo. El presidente de la república se ha convertido en gerente general de los asuntos de los factors reales de poder. Varios gobernadores del norte de México han sacado a sus familias del país y se los han llevado a Estados Unidos.

La inseguridad pública no cesa. El presidente Calderón presume algunos logros en materia de gobernabilidad. La mejor prueba que puede darnos Felipe Calderón sobre seguridad al terminar su sexenio en noviembre de 2012, es: si se atreve a permanecer en el país con su familia, puede significar que las condiciones sociales mejorarán, pero si como sospecho se marcha de México con su familia, será una prueba irrefutable de que el país no tendrá las condiciones públicas para que se quede. Mi pronóstico es que Calderón al igual que otros políticos que ya lo hicieron: abandonarán al país. En dos años, dos meses, traeré el tema otra vez para los lectores de El Imparcial. Espero equivocarme, pero mi instinto ciudadano me indica que México estará en mayor peligro en 2012, con lo cual la democracia se verá amenazada por grupos de ultraizquierda y de ultraderecha que desde antes sabotean la democracia mexicana.

El ex presidente mexicano Carlos Salinas que mal gobernó México de 1988 a 1994 fue al Instituto Federal Electoral recientemente para hablar de democracia. Él que no tiene credenciales democráticas y que llegó al poder de manera tramposa, expuso ideas sobre alternancia en el poder. Él está seguro que su partido, el PRI volverá al poder, y esta vez supuestamente a través de comicios legales, equitativos y limpios. Ya lo había dicho otro ex presidente mexicano, José López Portillo, "lo peor que le puede pasar a México es convertirse en un país de cínicos." El cinismo, el pragmatismo y la ineptitud manchan el prestigio histórico de México, uno de los países con más cultura en el planeta Tierra tiene que soportar la frivolidad de funcionarios y ex funcionarios que han impedido con sus malas decisiones y torpezas, el desarrollo político democrático y económico del país con más hispanohablantes del mundo.

México no tiene un dictador como Venezuela, tiene algo peor: criminales organizados, factores reales de poder internos y externos y una intromisión constante e insoportable de Estados Unidos. El viejo dictador mexicano Porfirio Díaz tenía razón: "Oh pobre de México, tan lejos de Dios y tan cerca de los Estados Unidos." Bolivar al final de su vida acabó decepcionado y dijo: "He arado en el mar". Si resucitara Bolívar confirmaría su dicho al ver instalado en el poder a un ignorante de la historia, un hombre obsesionado con el poder y que ha tenido ligas con criminales de Estado, narcotraficantes, secuestradores y terroristas de varias regiones del mundo. Es una pena.

Juan Federico Arriola

Profesor de Derecho

Profesor de Derechos Humanos en la Universidad Iberoamericana, Ciudad de México.

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