Manolo Alexandre, enamorado de su oficio
lunes 18 de octubre de 2010, 21:26h
Corría 1963 cuando empecé a tratar a Fernán Gómez; después fuimos amigos. Este episodio es fundamental en mi vida. Fernando tenía un hermano, un administrador, un representante, inseparable en el teatro como en el cine; este ser privilegiado era un cómico, amigo del colegio, llamado Manolo Alexandre. Resultaba imposible no querer a Manolito; emanaba bondad y sabiduría. Ligado a la Ponte, Agustín González, Víctor Ruiz Iriarte y todos los importantes de aquella época, vivía en el Café Gijón y cenaba en el restaurante Daroca, propiedad de una tía suya, Doña María, que servía el mejor lenguado frito del mundo. ¡Cuántas noches compartiendo aquel pescado glorioso mientras charlábamos sobre teatro!. Manolo era cultísimo, iba siempre con un libro de la colección Austral bajo el brazo. Nunca hablaba de política, era un conversador educadísimo y, como hombre docto, gustaba de callarse la mar de las veces. Impresionaba, sobre todo a mí, el amor y respeto que Manorlo sentía por el teatro. Ser actor le parecía la bomba. No se cambiaba por nadie.
Era tal su entusiasmo que pedía únicamente no estar en paro. Lo de ser primera figura o formar compañía propia le traía al fresco; quería las dos funciones diarias, el trato con los compañeros y estar en el escenario, disfrutaba incluso con los ensayos, consciente de su importancia; estudiaba a fondo sus personajes; tenía la teoría de que “a papel sabido no hay cómico malo” y que lo primero que hay que aprender es a hablar alto y que se entienda. El cine le parecía un medio de vida y lo respetaba por su amistad con Fernán Gómez, Bardem, Berlanga, Sáenz de Heredia, Forqué, Tito Fernández, etc… Con todos tuvo éxito. Una secuencia con Manolo era una lección magistral de interpretación, aunque sólo tuviera una frase y luego se la cortaran en el montaje. Era un lujo para los amigos y más para los que anhelábamos llegar a estrenar.
Poseedor de una síntesis crítica extraordinaria, compasivo son el fracaso y asmirador del éxito; la vida de café le hizo amigo de todo el mundo. Razonamiento y sentido común, amor al oficio y saber callar; así más de cincuenta años. Manolo era un tío ejemplar. Cuando Fernán Gómez me estrena tres comedias, a lo largo de seis años de amistad de las de antes, Manolo trabajó en dos de ellas y sirvió para que nos hiciésemos aún más amigos; aprendí escuchándole más que en mis años de universidad. En 1971 estrenó en el teatro Figaro STRATOJET, con Vicente Parra, Lola Herrera y Teresita Rabal, dirigidos por Fernán Gómez. Fue uno de los mayores fracasos que se recuerdan. Culpa mía. Se me ocurrió una desgraciada incursión en el drama de ciencia ficción.
Victor Ruiz Iriarte y el maestro Parada eran íntimos de Alexandre. Preparaban la candidatura de loas próximas elecciones de la SGAE; ficharon a López Rubio y Manolo sugirió el nombre de un joven autor que prometía. Me embarqué con ellos. Vencimos y entre en el Consejo de la SGAE, donde llegué a presidente y estuve cerca de treinta años. La recomendación de Manolo fue decisiva.
A los noventa y dos años ha vuelto al Teatro Español, en su papel más logrado. El mismo escenario donde debutó. Azcona firmaría con gusto esta crítica y Berlanga desde su retiro voluntario, recordará como rodó con Alexandre BIENVENIDO MISTER MARSHALL. Con guiones míos colaboró en una docena de pelis, que sirvieron para que comiéramos juntos y despotricásemos sobre la censura, que es lo que se llevaba. No hace muchos años me comentó cabreado que sólo le daban papeles de viejo. Cornejo y yo quisimos contratarle para el papel de Osidori en USTED TIENE OJOS DE MUJER FATAL. Se negó aduciendo que había que estudiar mucho porque el papel era muy largo. Nos pasamos cinco horas hablando de Fernán Gómez que estaba muy mal. Quedamos en visitarle al día siguiente.
Ser actor era toda su vida. Interpretar su pasión. Después los amigos y la mujeres tambien. Vivia solo y era feliz repasando en sus viejos discos de vinilo, las interpretaciones en la voz de los grandes actores mundiales.
Desde que empezó en el teatro con las catorce funciones semanales, los ensayos para el próximo estreno y el rodaje de alguna película –intervino en trescientas- más los Estudio 1 de TVE, a Manolo no le quedaba mucho tiempo para bobadas como el amor o la pasión. Deduzco de todo ello que Manolo ha sido un privilegiado que ha hecho en su vida lo que le ha dado la gana y que es la única receta para ser feliz.
|
Comediógrafo
JUAN JOSÉ ALONSO MILLÁN es comediógrafo
|
|