ESPAÑA, MARRUECOS, EL SAHARA
miércoles 10 de noviembre de 2010, 11:58h
Me lo decía ayer un destacado barón socialista: “Se puede adoptar una postura u otra. Lo que no se puede es estar ausente”. Mientras Trinidad Jiménez, ministra de Asuntos Exteriores, se divertía en Ayo Ayo con los indígenas bolivianos, en El Aaiún se producía el más grave acontecimiento desde que la marcha verde terminó, durante la agonía del dictador Franco, con la presencia de España en el Sahara. “Por el Imperio hacia Dios” fue la gran consigna de la dictadura franquista en los años 40 del siglo pasado. La realidad para Franco resultó devastadora. Con él perdimos los restos de nuestro Imperio colonial: Tánger, Marruecos, Ifni, Guinea, Fernando Poo, Corisco, Annobón, Elobey grande, Elobey chico y el Sahara.
España por razones históricas y de seguridad no puede permanecer impasible ante los sangrientos sucesos desencadenados por las Fuerzas de Seguridad marroquíes en El Aaiún. Las cosas han cambiado mucho desde 1975 pero las responsabilidades de la antigua potencia colonial son evidentes. Se podrá adoptar una u otra política. Pero no lavarse las manos y mirar hacia otro sitio.
Zapatero pretende quedar bien a la vez con el Rey de Marruecos, con el Frente Polisario y con el pueblo saharaui. Eso es imposible. Tendría que salir ya de la ambigüedad y definir una política seria en torno a un asunto cuya gravedad a nadie escapa. Algunos le piden peras al olmo. No parece probable que ni Zapatero ni su marioneta en Exteriores sean capaces de enfrentarse seriamente con la grave crisis que zarandea a Marruecos y al Sahara.
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de la Real Academia Española
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