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Cataluña, comienza la batalla

viernes 12 de noviembre de 2010, 23:56h
Desde el pasado jueves Cataluña ya está inmersa en la campaña electoral de unos comicios marcados por la decadencia política de su clase política, su intensa fragmentación y el deseo de cambio después de ocho intensos y polémicos años de Tripartito. Resulta significativo que todo el mundo reniegue del modelo de gobierno que ha marcado la actualidad catalana en los últimos años, empezando por sus propios integrantes, PSC, ERC e ICV. Mientras los nacionalistas han agudizado aún más si cabe sus ambiciones secesionistas, inflamadas por la absurda e incomprensible postura del socialismo catalán en los últimos años, Montilla ha confirmado la imposibilidad de la reedición del pacto.

Aunque ya es tarde para remediar el mal hecho, bien hace el actual presidente de la Generalitat en marcar distancias con una experiencia que ha acabado casi con la esencia del Partido Socialista Catalán y tensando la relación de Cataluña con el resto de España hasta extremos insospechados. Si no fuera porque lo hemos visto durante estos años, resultaría imposible creer que haya sido un gobierno encabezado por un partido no nacionalista el que haya tomado alguna de las medidas más abiertamente rupturistas de la historia catalana. Pero lo es más aún que el propio presidente del Gobierno y secretario general del PSOE, José Luis Rodríguez Zapatero, fuera quien diera el zarpazo mortal a sus compañeros de partido pactando el Estatuto catalán con el adversario, CiU, forzando la salida de política de Maragall y desestabilizando y lastrando la legitimidad del PSC hasta hoy en día.

Ante esta perspectiva, con unos partidos desnortados y un escenario político de baja estola y en medio de una grave crisis económica, resulta comprensible la bajísima participación que se pronostica y que, entre otras cosas, amenaza con dejar al PSC sin casi un tercio de su electorado y enfrentado al peor resultado de su historia. Desde el punto de vista de la funcionalidad del sistema, la erosión del PSC, consecuencia de las políticas nacionalistas del señor Zapatero, no es un desastre menor.

La única figura que se alza como clara vencedora en estas elecciones es la del candidato de CiU, Artur Mas, que se presenta a las elecciones por tercera vez. Aun así, las encuestas indican que, a pesar de todo, los nacionalistas se quedarían a nueve puntos de la mayoría absoluta, por lo que se verán forzados a llegar a acuerdos con otros partidos. Es de esperar que con CiU vuelva a ese nacionalismo moderado y práctico que tan bien representan políticos con gran sentido de la responsabilidad como Duran i Lleida, y que Mas haya aprendido en cabeza ajena de los errores de las propuestas maximalistas y voluntaristas que han fagocitado a sus impulsores y casi a toda una comunidad.
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