El Papa: su reino no es de este mundo
martes 23 de noviembre de 2010, 00:26h
Cabría tomarse como un ligero avance hacia la cordura en materia sexual, las declaraciones del Papa opinando que el uso del preservativo está justificado en según qué casos. Sin embargo, a estas alturas del siglo XXI, con el sida y otras enfermedades de transmisión sexual que sólo se pueden prevenir con métodos profilácticos diezmando África –y parte del primer mundo-, sabe a poco. Demasiado poco. Porque que una institución con la influencia de la Iglesia todavía se niegue a asumir la realidad en la que viven sus feligreses y se aferre a la condena del preservativo, como si la virtud moral cristiana residiera casi exclusivamente en ello, resulta, cuanto menos, hipócrita.
Y que fuera sólo hipócrita no sería un problema, al fin y al cabo, cada cuál es libre de predicar los prefectos morales que le vengan en gana siempre y cuando estos no vayan en contra de los derechos básicos de las personas. Sin embargo, la Iglesia no es un simple club de pueblo cuya normativa sólo afecta a los cuatro miembros de turno que quieran cumplirla. Es una de las instituciones con más influencia moral a nivel mundial y debe tener en cuenta la enorme responsabilidad que ello conlleva. Miles de personas contraen el sida cada día por no utilizar esos preservativos que tan pecaminosos resultan para Benedicto XVI. Por eso, porque el preservativo es la única forma de prevenir el sida, resulta insuficiente y casi hasta ridículo que el Papa sólo se atreva a tolerarlo en algunos casos. Por otra parte, la Iglesia de Roma debería reflexionar sobre el hecho de que, siendo su postura contraria al aborto, una de las formas más eficaces de evitarlo es precisamente el anticonceptivo no abortivo.