Edward G. Bulwer-Lytton: Los últimos días de Pompeya. Epílogo de André Maurois. Traducción de Luisa Estella González. BackList. Barcelona, 2010. 424 páginas. 19 €
En marzo de 1835,
lord Lytton daba por terminada su nueva novela, cuya trama transcurría paralela a la erupción del Vesubio y a la consiguiente desaparición de las villas romanas de Pompeya y Herculano. Ésta es la fecha con la que firma su prólogo a Los últimos días de Pompeya, en el que se dirige al lector en clave de complicidad por entenderlo ya iniciado en la “
Grand Tournèe” o por alentarle a su realización a través de sus páginas, en las que se despliega no sólo una interesante novela de corte romántico-histórico, sino que recrea todo un mundo a partir de la influencia que las ruinas pompeyanas tuvieron en su imaginación. No terminaba únicamente con este viaje su novela, pues también su matrimonio tenía para entonces sus días contados: la visita a Nápoles y a la costa amalfitana de los Bulwer-Lytton fue el principio del fin de su vida en pareja, tal y como relata, en un magnífico epílogo incluido en esta edición, el célebre escritor André Maurois.
Dos finales y un gran comienzo, pues con este libro se inicia la construcción de un relato mítico que se ha fijado a fuego en el pensamiento occidental y que marcará desde entonces el patrón de la vida en Roma. La novela de Lytton se ha convertido para cualquier soporte artístico –sea fotografía, dibujo, óleo, película…– en el referente de Roma para el resto del siglo XIX y prácticamente todo el XX; y es contra este cliché contra el que luchan todavía
historiadores y arqueólogos, puristas de las ciencias y las artes, que saben que hubo una realidad muy diferente a la relatada por el novelista romántico inglés.
Edward Bulwer-Lytton, prolífico escritor victoriano, fue uno de los poetas y prosistas más aclamados de su tiempo, pero su obra ha perdido con el tiempo muchos lectores por haber quedado obsoleto su estilo y demasiado recargados sus textos. Una excepción a este desencanto sigue siendo
Los últimos días de Pompeya, retrato de la sociedad romana del siglo I en el que también se plasman otras culturas del mundo antiguo, como la griega –representada en la novela por el protagonista Glauco– o la egipcia –a quien da vida su oponente Abraces–. Incluso aparece la recién nacida religión cristiana, bajo un benevolente retrato aunque no exento de cierta crítica.
La novela, a pesar de no resistir en su hechura el paso del tiempo, sigue siendo un clásico necesario para entender, no la Historia de Roma y del Mundo Antiguo, sino las miradas que sobre ambos tenía el hombre occidental decimonónico y que, en gran parte, hemos heredado.
Por Margarita Márquez Padorno