Nuevos caminos frente al fracasado presente
martes 30 de noviembre de 2010, 11:43h
La UE ya ha ido a por el rescate de Irlanda y España está en el siguiente punto de mira. Es evidente que hay que evitar esa situación de intervención europea, que sería realmente terrible para nuestra economía y para nuestra propia soberanía democrática. Estamos frente a un tema de una enorme gravedad, lamentablemente, fruto de nuestra incapacidad para hacer los deberes y tomar las medidas necesarias. Al final, Europa las tendría que tomar por nosotros; lo que siempre es peor, pues la intervención nos dejaría al margen de toda capacidad de decisión. Por el momento tenemos margen de maniobra, aunque cada vez más estrecho, pero las preguntas claves son ¿Estamos yendo por el camino debido? ¿Estamos haciendo todo lo que está en nuestras manos? ¿Qué estamos haciendo mal?
La crítica constructiva y comprometida siempre es necesaria. A mi entender tenemos tres obstáculos que nos están lastrando en dirección peligrosa, y por el momento no veo respuesta frente a ellos. Veámoslos: 1. La falta de acuerdo PSOE/PP. La irresponsabilidad de ambos partidos nacionales no tiene límites. Representan a más de 21 millones de votantes y cerca del 84% del Parlamento español. Su legitimidad democrática es realmente enorme, pero la falta de sentido de Estado de ambos es total, para desgracia de todos los españoles. Zapatero es un cadáver político, especialmente a nivel internacional, la situación a la que ha llevado a España, desde que la cogió en marzo de 2004, no deja lugar a dudas. Podría ser, esperemos que no, el Presidente que llevó a España a la intervención europea. No vio la crisis, no reacciono ante ella y no está tomando las medidas precisas en tiempo y forma (siempre tarde y sin decisión). El PP desde luego no está haciendo la mejor oposición, la postura de constante desgaste y la ambición de verse en el poder tras la debacle que el PSOE lidera, no habla de su sentido de la responsabilidad. El apoyo al Gobierno en esta situación crítica es obligado, al margen de intereses electorales o luchas de poder por llegar a La Moncloa, si es que queda Moncloa, pues las decisiones, por la torpeza de ambos, se podrían acabar tomando desde Bruselas, si no lo evitamos.
2. Hay que repensar nuestro Estado en diversos frentes. Las Comunidades Autónomas no se sostienen, la falta de coordinación y de sobrecostes es grande, la multiplicación legislativa y normativa por 17 es ineficaz e ineficiente, y la unidad del mercado interno se resiente de manera muy importante. Los ciudadanos perciben estos problemas, pero nuevamente los partidos políticos priorizan sus intereses frente al de los ciudadanos. En primer lugar por el excesivo protagonismo de los partidos nacionalistas que representan el 7 % del arco parlamentario y solo a 1.800.000 españoles. En términos democráticos se podía decir que son clara minoría. Sin embargo condicionan totalmente la política de Estado. Han logrado sus objetivos de poder, que no es otro que priorizar su campo de actuación, las Comunidades Autónomas, y aminorar el que no les interesa a ese 7%, es decir, la Administración General del Estado y el gobierno del interés general de los 46 millones de españoles: sin duda ¡¡esta es nuestra gran tragedia democrática!! Los partidos nacionalistas, aprovechando la incapacidad de entendimiento y la miseria electoral del PSOE y el PP, han logrado marcar la pauta. A esto se unen los propios centros autonómicos de poder -los barones autonómicos- de ambos partidos. Resultado: ¿A quién le importa el interés general de los 46 millones españoles, su igualdad, su cohesión, su educación, justicia y sanidad? ¿Dónde está la perspectiva global, general, que represente el interés de la mayoría de ciudadanos?.
3. La sociedad española, la sociedad civil, también tiene su margen de responsabilidad. Su pasividad, su política de café, su eterna resignación, no es buena frente a la situación crítica que estamos viviendo. Evidentemente no hablo de radicalismos y posturas extremas, si no que creo que es el momento de que el ciudadano actué, se comprometa con el difícil momento que vivimos. El camino a andar, sólo lo podemos recorrer los 46 millones de españoles, no van a venir los alemanes o franceses a solucionar nuestros problemas, y si lo hacen, impondrán lógicamente sus exigencias. No es el momento de la resignación, de la pasividad, de la crítica de la frustración, siempre ineficaz. Se necesita influir en las decisiones, exigir actuaciones eficaces, movilización civil marcando pautas concretas de actuación, hay que reaccionar ante una clase política noqueada y si los políticos existentes no valen, habrá que apostar por otros distintos, visto a dónde nos llevan los actuales.
|
Catedrático de Derecho de la URJC
|
|