El Partido Popular se enreda en Asturias
domingo 02 de enero de 2011, 09:55h
Con la marcha de Francisco Alvarez Cascos se va no sólo uno de los puntales del aznarismo, sino también alguien problemático quizá pero de indudable valía dentro del PP. Los éxitos y fracasos de los líderes políticos son también los de sus respectivos equipos. En el caso de José María Aznar, Cascos fue uno de sus puntales durante los ocho años que estuvo en el poder, ganándose a pulso una bien merecida fama de eficacia en la gestión. Tras la retirada de Aznar de la vida política activa, Cascos hizo lo propio, aunque no hace mucho regresó con la intención de presentarse a las elecciones autonómicas de su tierra, Asturias. Y ahí empezó el problema.
Porque, mientras que el actual equipo de Rajoy tiene un record electoral discutible, Cascos representa la etapa más brillante del PP, incluyendo la segunda mayoría absoluta de José María Aznar. Era otro modo de hacer política, sin tantos complejos ni indefiniciones. Y funcionaba. Ocurre que algunos de los que ahora llevan la voz cantante en el PP intentan desvincularse de un pasado del que parecen abominar, no se sabe muy bien porqué. Saben que, muy probablemente, Rajoy ganará las próximas elecciones generales, y creen que eso les legitima para entrar sin mayores consideraciones. Olvidan que, de producirse, esa victoria sería más achacable a deméritos de Zapatero y los efectos devastadores de la crisis que a los logros de un Rajoy que, pese a todo, sigue sin obtener una puntuación de aceptación convincente.
Por eso hace mal el actual líder del PP en prescindir de uno de los valores más solventes de su partido. Y más de la forma en que se ha hecho, permitiendo que advenedizos de su comunidad autónoma se metiesen permanente e impunemente con el otrora hombre fuerte de Aznar. Un liderazgo no se afianza laminando a la gente válida, sino integrándola y contando con ella. Errores de bulto así le pueden salir caros al PP.