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Lo que el comunicado de Eta esconde

lunes 10 de enero de 2011, 20:29h
La lectura del último comunicado de Eta no tiene ninguna novedad aparente, puesto que mantiene su tregua anterior aunque le añada algunos adjetivos, como “general” y “verificable”, como antes fueron “indefinida”, “permanente”, etcétera. En el fondo, las reclamaciones etarras son las mismas de siempre: territoralidad (es decir, anexión de Navarra al País Vasco), autodeterminación y, en pocas palabras, exigencia de rendición del Estado. Lo único que cambia es que los etarras no invocan directamente a la amenaza (que es cuando suelen hablar del “dolor” que causa el conflicto”) y en esta ocasión se limitan al lenguaje político separatista.

Sin embargo, el comunicado ha sido relativamente bien recibido por el Gobierno (aunque esperase más) y por los nacionalistas. Posiblemente porque ellos saben que hay un trasfondo para la emisión del comunicado, y que éste, dijera lo que dijera, era un gesto. Y a ese gesto se le ha contestado con otro: dar el recibí al comunicado con una declaración institucional, en este caso de Rubalcaba.

En ninguno de los dos casos importaba tanto el contenido de las palabras, cuanto el hecho de producirlas. Eta daba un paso “insuficiente”, y el Gobierno contestaba rechazándolo… pero con la aclaración de Rubalcaba: “Si ustedes me preguntan, estamos mejor que ayer”. Una aclaración muy significativa, teniendo en cuenta que Rubalcaba no admitió preguntas en su comparecencia. Es decir, que se preguntó y se contestó solito.
Después de lo acontecido ayer, parece evidente que hay juego subterráneo, llámese como se quiera. Eta quiere presencia institucional, y el Gobierno necesita dar la impresión de retirada de los terroristas. En lo literal, nada de eso ha pasado, pero tiene toda la pinta de que algo se va a mover en las próximas semanas, diga lo que diga Eta en sus apuestas, o actúe como lo haga el Gobierno con la presión policial. Ambas cosas están descontadas, porque estamos en una partida de cartas (se le puede llamar perfectamente negociación) en la que varios quieren jugar, y ninguno quiere perder. Por eso, hay mucho farol y poco órdago.
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