¿Esclavos en Argentina?
miércoles 19 de enero de 2011, 00:22h
El rescate de 120 adultos y 60 menores de edad que llevaban a cabo labores de campo en condiciones de esclavitud en la ciudad de Buenos Aires, volvió a encender la alerta sobre el trabajo forzado que al día de hoy se observan en muchos países de América Latina, en especial en la Argentina, donde desde 1853 quedó abolida esta situación en el país austral.
La responsable de tal explotación fue la firma multinacional para el comercio de granos, Nidera de propiedad holandesa, que captaba a campesinos y a inmigrantes a los que hacinaban en barracas,- iguales que las de un campo de concentración-, las cuales carecían de servicios básicos como baños o agua potable. Asimismo, los trabajadores sufrían descuentos de sus salarios a costa de pagar la indumentaria de trabajo o la comida, que irónicamente un proveedor externo les vendía a un precio superior al establecido para los comercios.
Una situación que también se repite en algunos talleres textiles, fábricas de materiales de construcción y prostíbulos de la capital porteña, en donde los trabajadores no sólo están siendo sometidos a condiciones de trabajo infrahumano, sino que hasta el mísero salario que reciben, sirve para pagar la “extorsión” de sus “empleadores”. Si bien dicho panorama nos resulta más familiar si se sitúa en la India, Pakistán, China o África, los cierto es que en América Latina existe 1.3 millones de esclavos, según la Organización Internacional para el Trabajo (OIT).
Los habitantes de las comunidades más pobres, sobre todo si forman parte de colectivos indígenas, son los más vulnerables a caer en las mafias de “mano de obra barata”, que han diversificado sus actividades tanto en las minas de estaño en Bolivia, como en las textileras en Perú o en los campos de cultivo en Argentina.
No cabe duda de que ha llegado el momento de replantearse el concepto de esclavitud en el siglo XXI, ya que aún nos acompaña la percepción que heredamos del siglo XVIII y XIX. Todo apunta a que el mundo actual,-el mismo que vive en crisis-, se decanta por la “contratación” de mano de obra barata, aquella que debido a la desesperación está dispuesta a sacrificar sus derechos laborales básicos para poder llevarse algo a la boca e intentar subsistir, sin el beneficio de trabajar por la esperanza de un futuro mejor.