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de intelectuales tunecinos

[i]La Regente de Cartago[/i]: el libro que desnudó a la familia mafiosa de Ben Ali

lunes 24 de enero de 2011, 08:42h
El libro “La régente de Carthage” (Editorial La Découverte, Paris), publicado en octubre de 2009, fue un mazazo para la dictadura tunecina. Hasta ese momento, las críticas más acerbas al régimen se limitaban a su aspecto horrendo de persecución de los disidentes, de omnipresencia de la policía, de silenciamiento de las voces críticas al poder. El régimen tunecino aparecía a ojos de la oposición como una tiranía erigida sobre la represión. Las libertades políticas, los derechos humanos, los derechos de reunión y de manifestación, eran sistemáticamente reprimidos; el acceso a las tecnologías de la información, sometido a una férrea censura.

Esa era la imagen de un gobierno que violaba sistemáticamente los derechos y las libertades de sus ciudadanos. Pero ¿qué se escondia detrás? ¿Qué beneficios sacaba la mafia reinante? “La Regente de Cartago” lo evidenció: dinero, bienes inmuebles, negocios sucios, droga, tráfico de divisas, oro y joyas, comisiones sobre todos los acuerdos comerciales de Túnez con el extranjero, racket a los inversores.

Los tunecinos que estaban detrás de la información publicada por el libro, no podían dar la cara. Sus vidas corrían peligro. El clan mafioso en el poder era capaz, y de hecho lo intentó varias veces, de encargar asesinatos en cualquier parte del mundo. Por eso, los “autores” tenían que ser periodistas conocidos y comprometidos, pero de nacionalidad no tunecina. Nicolas Beau y Catherine Graciet, ambos investigadores conocidos, firmaron el libro.

Sin embargo detrás de ellos había otros. Entre ellos, Slim Bagga, que durante 8 años sacó a pulso un periódico en Francia de título “L’audace” (La audacia), en el que destapó uno por uno todos los negocios sucios del régimen, las intrigas y la corrupción, así como la complicidad de personajes políticos y financieros del viejo mundo, de Francia, de Italia, de Suiza, con el déspota tunecino y su familia. Slim Bagga, como Sihem Bensedrine, como Omar Mestiri, como Kamel Jendoubi, como Moncef Marzouky, y tantos otros, no se limitaron a denunciar la corrupción en un libro que de todas maneras no iba a tener gran distribución. También se lanzaron a conquistas la red, en blogs, páginas web, Youtube, debates y polémicas ininterrumpidas. Sabían que había que alimentar las brasas de la rebeldía. “La Regente de Cartago” llegó a Túnez clandestinamente, y fue redistribuida en el país en fotoicopias. Muchos tunecinos conocían uno u otro caso de corrupción, pero el libro en sí fue un mazazo, detallado, minucioso, con cifras y nomnbres. El Imparcial dio la exclusiva en España de su aparición.

Las cancillerías occidentales comprendieron rápidamente el alcance del escrito. Entre ellas las embajadas norteamericana, la francesa, la española. Era un trabajo serio y detallado. Los papeles de wikileaks fueron uno de sus resultados. Pero no los únicos, hubo muchos mas: Informes diplomáticos y notas de los servicios de inteligencia occidentales, llovían sobre las capitales europeas y americanas. ¿Fue eso lo que motivó la decisión de la Casa Blanca de dejar caer a su protegido y aliado Ben Ali? Es pronto para saberlo. Pero lo que sí saben hoy
mejor que ayer los tunecinos, es que “La Régente de Carthage” fue un detonante que animó la Revolución del jazmín.
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