La popularidad de Rajoy
José Antonio Sentís
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directorgeneralelimparciales/15/15/27
miércoles 09 de febrero de 2011, 21:20h
He visto a muchas personas bien informadas que se sorprenden por la valoración de Mariano Rajoy en las encuestas. No entienden que su partido esté al menos diez puntos por encima del PSOE, y su líder no consiga superar a Zapatero. Y es éste un fenómeno interesante que conviene analizar.
A primera vista, la baja valoración de Rajoy podría atribuirse simplemente a sus condiciones como líder. Porque no parece un perfil destinado a levantar pasiones, no maneja la retórica populista ni se apoya en la cartelería kennediana u obamesca. Pero éstos son factores muy secundarios.
Para empezar, el formato de pregunta para valorar en las encuestas a los líderes tiene trampa. El dirigente del partido de centro derecha español sólo consigue una buena puntuación de los suyos, y ni siquiera de todos, porque un sector de su ideología es siempre más exigente, o, si se quiere decir así, más extremado. Además, sólo el entorno de sus votantes le dará buena acogida, mientras ésta será extraordinariamente negativa para el resto del arco político, ya sea el partido rival de centro izquierda, como los de izquierda, los nacionalistas y hasta los regionalistas de derechas.
Enfrente, el candidato de centro izquierda, en este caso Zapatero, pude recibir un apoyo más generoso de la izquierda sindical o política, de los nacionalistas ante los que se muestra comprensivo, y hasta de los batasunos presuntamente legalizables. Por ello, aunque su gestión sea catastrófica, su valoración personal sobrevive al desastre. Y como la valoración se realiza puntuando de cero a diez, queda claro quién obtendrá más ceros, independientemente de que ninguno logre demasiados dieces.
Es sorprendente, en este sentido, que toda encuesta se corrija de acuerdo con parámetros lógicos en lo que respecta a la intención de voto (porque se añade al voto decidido expreso otras variables, como la simpatía ideológica, el recuerdo de voto, etcétera) y no se haga lo mismo en relación con los líderes.
De ahí que se produzca una distorsión clamorosa en este resultado. Tanta, por ejemplo, como la que se ha demostrado históricamente: Aznar era superado por Felipe González cuando éste perdió las elecciones en 1996. Pero, posteriormente, y con un Gobierno de mayoría absoluta de Aznar, el político más valorado siempre fue ¡Julio Anguita!.
En el último CIS, este asunto llega al paroxismo. El político más valorado es, y ya van varias ediciones de la encuesta, Duran i Lleida, del que sería calumnioso decir que podría ganar unas elecciones en el conjunto español. Claro que la cosa se arregla después: la segunda es Rosa Díez, que mucho logrará si consigue representación parlamentaria. Y el tercero sí que es definitivamente impactante: Paulino Rivero. Del que diré, porque existen notables posibilidades de que alguno de ustedes no le conozca demasiado, que es el presidente de la Comunidad Canaria, además de ser un político prudente e inteligente, lo que nadie duda ni viene al caso.
Todos ellos son mejor valorados que Rajoy. ¿Lo son? En fin, el capricho de los entrevistados en las encuestas es muy libre, pero no me salto ninguna línea lógica al pensar que la popularidad o impopularidad encuestada es, como se ve, bastante irrelevante.
A partir de ahí, todos podrán discutir la eficacia del liderazgo de Rajoy, la conveniencia de su forma de hacer oposición, su adaptación de imagen a las exigencias mediáticas a corto plazo. A fin de cuentas, lo mismo le pasó a Aznar, que creció electoralmente con su Gobierno, pero siempre se mantuvo en aparentemente discreta popularidad personal. Eso sí, le votaron hasta arrollar en el año 2000.
Cada líder tiene un tiempo, y los partidos no pueden lograr recambios cada cinco minutos. A todos ellos les gustaría una combinación fastuosa entre la capacidad mediática de Reagan, el encanto de Kennedy, la firmeza de Margaret Thatcher, el respeto a Köhl, el desparpajo de Felipe González y la determinación de Aznar. Todos ellos tomados, evidentemente, en el mejor momento de sus carreras. Pero eso no es fácil, la verdad.
En este tiempo, parece que la fantasía no es la fórmula, sino el sentido común. Porque la iluminación zapateril ha dejado a España sin resuello. Por eso parece un momento para el perfil de Rajoy. Claro que a sus partidarios les gustaría la chispa de Churchill mezclada con la visión de Adenauer, la seriedad de Angela Merkel, el toque british del primer Blair y el empuje (y la Carla Bruni) del inicial Sarkozy. Reconózcanme, en todo caso, que esa combinación tan electoralmente virtuosa no es demasiado probable.
En resumen, es el PP de Rajoy (y no de otro, que se sepa) el que va por delante en las encuestas, y es el PSOE de Zapatero el que va por debajo. ¿Irían mejor o peor con otros? Cada uno tendrá su respuesta, pero no hay más cera que la que arde, y tal vez Rajoy acierte con su teoría del cambio tranquilo. O, no, claro, como diría él mismo.
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Director general de EL IMPARCIAL.
JOSÉ A. SENTÍS es director Adjunto de EL IMPARCIAL
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