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Mafia y política en Italia

Andrea Donofrio
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adonofriohotmailcom/9/9/17
domingo 13 de febrero de 2011, 16:04h
Imagino que los lectores estarán hartos de oir hablar de Berlusconi, de sus inadmisibles y delirantes ataques a la Magistratura (los fiscales de Milán son “un asco y una vergüenza que enfangan Italia”), de su fantasiosa idea de “denunciar el Estado”, preparando su personal Der Totale Krieg mientras nos recuerda que es “un señor rico”. Tampoco quiero comentar la vergonzosa noticia acerca de una manifestación ante el Palacio de Justicia de Milán, convocada por el Partido de Berlusconi contra la magistratura y en apoyo a su presidente. No merece la pena dar importancia a un evento tan desdichado, que evidencia la deriva intelectual, cultural y moral de un país (por cierto, a la manifestación acudió la subsecretaria de la Presidencia del Consejo de Ministros, Daniela Santanché, la que antes del nombramiento gritaba escandalizada que “Silvio ve a la mujeres en horizontal, nunca en vertical”. Ya, antes…). Hablamos de Mafia, de sus relaciones con la política a raíz de las declaraciones de Giuseppe Pisanu, Presidente de la Comisión Antimafia. Según el ex Ministro, en las administrativas de 2010 se presentaron 45 candidatos “impresentables” –de los que 11 han sido elegidos-, no conformes con el código de autorregulación aprobado por el Parlamento. Se trata de un código de “buenas prácticas” que establece la imposibilidad de presentarse a quien tenga pendientes condenas o esté en proceso judicial.

Esta última noticia merece ser analizada en profundidad. En primer lugar, confirma la presencia directa de personas vinculadas a organizaciones criminales en las administraciones locales (y nacionales). Las relaciones entre el mundo de la política y la mafia trascienden la ideología y se dan tanto en un partido como en otro: “no existe mafia sin política” y las infiltraciones mafiosas en la política italiana resultan tan transversales como peligrosas. En Italia, la mafia se relaciona de forma “malsana” con la política, en un proceso que se auto-alimenta con la finalidad de perpetrar una constante y penetrante acción de control sobre la economía del país. Una nociva y perjudicial sinergia que demuestra como la mafia se nutre de la política para controlar territorios y dinero. Además, como ya he revelado anteriormente, en algunas zonas de Italia el voto tiene un precio, que entre 50 y 75 euros. La influencia criminal en la vida política, su infiltración en las instituciones públicas y su connivencia con el sistema político erosionan los fundamentos y pilares del Estado de Derecho.

Asimismo, el “mapa de las violaciones” –así se ha denominado el mapa sobre la presencia de la mafia en las distintas regiones de Italia- revela un dato ya tristemente notorio, una alarmante “repartición territorial”: el sur de Italia está plagado por el poder criminal y sus relaciones con la política resultan fuertes y estables. En un primer análisis, el norte puede aparecer “exento” de este mal: eso depende también por el hecho de que muchas prefecturas del norte no facilitaron datos para la investigación, excusándose tras la defensa de la privacidad. De esta manera, se aviva la sospecha de que el número de casos detectados podría haber sido mayor si las prefecturas hubieran colaborado, aumentando con su decisión la sospecha de una posible connivencia. Resulta paradójica y terriblemente cobarde la actitud de aquellos que, frente a un objetivo común –la lucha contra las mafias-, lanzan excusas o huyen de su responsabilidad.

¿Qué hacer? En primer lugar, parece necesario convertir el código de autorregulación en una ley que prohíba tajantemente la presentación de candidaturas a personas con imputaciones judiciales. De esa manera actuaría también de forma disuasiva y con finalidad de prevención. Además podría aprobarse una ley que anule la financiación pública a los partidos que presenten candidatos con imputaciones judiciales.

El Estado tiene el deber de golpear al crimen organizado, ya que es evidente que las organizaciones criminales no han renunciado a la política -la región de Campania ha alcanzado el récord de ayuntamientos investigados por la infiltración de la Camorra y por el número de ayuntamientos disueltos. Como ya he recordado anteriormente, las Mafias que operan en el Sur de Italia, representan “una plaga profunda y duradera”. Controlan parte del territorio, las economías locales y cuentan con el consenso-aceptación de gran parte de los habitantes –llegando al extremo que cuando un camorrista detenido y su mujer deciden colaborar con la justicia arrepintiéndose, en su pueblo, cerca de Caserta, su familia se disocia abiertamente, pegando carteles para hacerlo público. Un territorio rendido y resignado como demuestra la petición, que contábamos la semana pasada, de asilo “político-artístico” a la Canciller Ángela Merkel del director del Contemporary Art Museum (CAM) de Casoria, harto de “dos años de amenazas, llamadas, y actos vandálicos por nuestra programación contra la Camorra” y frente al silencio de todas las instituciones italianas.

Allí donde el Estado parece abúlico, desautorizado, las organizaciones criminales han arraigado su poder, difundido sus valores, la cultura de la ilegalidad, creado una red clientelar y capilar de poder que encuentra su forma más peligrosa en una nueva clase política. El Gobierno y las fuerzas del orden deben emprender una lucha social y cultural de saneamiento “urbanístico-social”, de recuperación del territorio, demostrando su capacidad para garantizar el cumplimiento de la ley, restando territorio y ámbito de maniobra a las organizaciones criminales italianas. Por eso resulta fundamental una atenta reflexión sobre las relaciones entre mafia y política, que trasciendan la ideología y demuestren una verdadera apuesta por la legalidad, una manifiesta voluntad de erradicar esta plaga. ¿Estamos seguros de que la actual clase política tiene esta voluntad?

ps. Este domingo las mujeres italianas -en Italia y en el Mundo- se han manifestado masivamente exigiendo la dimisión de Berlusconi y denunciando "un sistema de poder transversal, machista y misógino, un modelo social y mediático que prima la aparición en televisión y la venta del cuerpo sobre la formación, el pensamiento y el trabajo". Esperamos que estas sabias palabras no queden en el aire.

Andrea Donofrio

Politólogo

Andrea Donofrio es politólogo, experto en Relaciones Internacionales e investigador del Instituto Ortega y Gasset

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