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Tsunami de conciencia

Inmaculada del Rosal
miércoles 16 de febrero de 2011, 21:46h
Tsunami de dispersión o el eje de la tierra se ha desplazado 8 cm… hacia el pacífico.

Tiembla la tierra y no deja de llover más allá del Lian Xan Po (o no more bricks on the wall). El mundo se estremece... Se caen sus muros arrastrados por el fango que han traído tantos años contemplando las olas. Se fracturan lo cimientos del imperio. Se tambalean los andamios que nos sujetaban.

Caían las Gemelas a manos de jinetes del desierto, otras torres se elevaban por encima del Pacífico, Shangai, Dubai, Kuala. En la otra orilla el dragón empezaba a asomar sus alas, arrasando las chabolas para dar paso a los colosos.

Mientras nosotros contemplábamos nuestro dorado ombligo, ellos surcaban los mares de China hacia los nuestros cargados de tesoros a precio de baratija.
Los guerreros chinos ya no tienen los pies de barro, son de hormigón. El Dragón vuela firme con sus alas de acero, derritiendo nuestros sueños.

Y nosotros, todos conectados, buscando en la nanotecnología los pilares de la tierra. Nuestra miopía no nos ha dejado ver como, a lejos, en el río. Amarillo, llovía oro. Y al final nos ha desbordado, inundándonos.

Ahora pretendemos salir a flote dando brazadas de peón contra la marea. Nos ahogamos en el lodo de una economía dormida y muerta que ha hundido los diques que la sujetaban. Esto no es una guerra de piedras, de plomo y polvo. Es una guerra de sillares y acero.
Por cada empleo que pierde una mujer, pierden el suyo siete hombres. El coloso de occidente ya no puede sujetar sobre sus espaldas esta riada.

Y, ¿quién tiene la culpa? ¿Batman, Marx o Fu Manchu?.

Se acabó la fiesta amigos. Esa que creíamos disfrutar cuando partimos en dos nuestro querido imperio de occidente. El dragón vuelve a agitar su cola y pasa al raso pisando al crisantemo, la camelia y la rosa.

Sube la marea en el Pacífico y seguimos jugando a la economía de saloncito, consejo y comité, perdidos en los fondos de este abismo de siete plantas alicatadas hasta el techo ahogándonos en la maraña que habíamos construido sobre tierra firme y que tanto nos sostenía. El mercado languidece exhausto de tanto cotizar. Los camiones están parados en la cuneta de una economía amnésica, que ha permitido a los bárbaros volver a atravesar la estepa.

Mientras le entregamos nuestra deuda, su sombra se arroja sobre la cabeza de occidente.

Mientras el nuevo Midas virtual, Google, reina en nuestro imperio, se ahoga la música, el cine, la publicidad, el marketing, el shopping, el loving y el living. Y nosotros tarareando sin parar esa aburrida canción de Supertramp. El modelo de capitalismo tal cual como lo conocemos languidece.. Demasiados cambios, demasiado rápido, demasiado lentos. Bebimos de las aguas del progreso desde la Ilustración y hemos acabado perdiendo la razón. Nuestro sistema no es competitivo. Hasta ahora dormíamos en camas calientes y comíamos de neveras repletas, pero, en la última década 600 millones de chinos han dejado de ser pobres y siguen escalando en la lista de millonarios. ¿Sumisión o entrega?

Narcotizados por nuestra avanzada tecnología hemos dinamitado las industrias que daban de comer a nuestra privilegiada clase trabajadora. Nunca pudimos pensar que el todo gratis nos iba a salir tan caro. ¿Y si regulamos los mercados? Nos acusarán de intervencionistas y cortos de vista. ¿Y si tomamos medidas? Nos acusarán de incompetentes.

Nuestro palacio de invierno necesita reformas. Tiene muchas goteras que están pudriendo sus cimientos. Pero no valen chapuzas desgravables al 2%. Umberto Eco ya dijo que nos echáramos a temblar cuando otros mundos descubrieran el paso de la piedra al papel. Mil trescientos millones de taconazos tienen la suficiente fuerza para volver a hacer temblar el mundo. Sujétate fuerte, la tapa es de acero y nosotros andamos pisando el fango con chancletas.

El ying y el bang ha estallado amigos. La tercera guerra mundial sería a pedradas. Ya lo dijo Einstein. O a pixeles, digo yo. ¡Si Alejandro volviera la cabeza!

Inmaculada del Rosal

Periodista

Es doctora en Bellas Artes y profesora de Comunicación Empresarial en la Universidad Nebrija

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