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La Colección Thyssen, legado universal

jueves 24 de febrero de 2011, 02:08h
Finalmente, la colección de Carmen Cervera se quedará un año más en el Museo Thyssen, lo cual es una excelente noticia, no sólo para los madrileños -y, por ende, para todos los españoles-, sino para un conjunto pictórico sin igual en el mundo. Muchos fueron los que pujaron por semejante riqueza artística, cuando los cuadros salieron de Lugano. La propia Margareth Thacher realizó gestiones al más alto nivel para que la colección Thyssen acabase en suelo británico. No fue así. Tampoco viajó a París o a Nueva York. Contra todo pronóstico, está en Madrid y hoy, junto con el Prado y -en menor medida- en Reina Sofía, forma parte del triángulo de oro de la pintura mundial.

El Estado español, poseedor de una riqueza de tal entidad, debería estarle agradecido a la artífice de todo ello: Carmen Cervera. El papel de la baronesa para que el legado del barón acabase en España fue decisivo, y eso bien merece un reconocimiento a la altura de las circunstancias. Ocurre que la ministra de Cultura, cuya gestión no pasará a la historia precisamente por su buen hacer, parece empeñada en poner obstáculos en la trayectoria de una persona que, por encima de otro tipo de consideraciones, siempre ha manifestado su disposición de que la colección Thyssen permanezca en España. Máxime si, como ha declarado en más de una ocasión Carmen Cervera, la cuestión económica no es relevante en las diferencias que mantiene con Cultura.

Doña Carmen Cervera tendrá sus gustos y caprichos pero está en su derecho y bien que se los ha ganado. Dicho lo cual, es hora ya de que las autoridades españolas tengan un poco de sentido común y alguna medida de las proporciones. Cualquiera que haya viajado un poco y visitado museos importantes se haría una idea cabal de lo que aquí se ventila. Por lo tanto, que los gestores públicos de nuestro patrimonio se preocupen por mantener el actual statu quo de la colección Thyssen y valoraren en su justa medida algo que no tiene precio. Eso es lo que realmente importa. Lo demás, cuando no es envidia, es mezquindad.
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