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Que se lo dijera Calderón a Obama

Marcos Marín Amezcua
sábado 05 de marzo de 2011, 18:02h
Pero que se lo dijera de verdad. Que en su encuentro le hubiera dicho Calderón a Obama que se percibe tibio el esfuerzo de Estados Unidos por poner orden al desmán de frontera que comparte con México, gracias a que las autoridades estadounidenses corruptas permiten el libre flujo de drogas a través de su país y se niegan a controlar la venta de armas, so pretexto de libertades torcidas y concebidas de manera irresponsable. Eso nos hubiera gustado que se dijera en la reunión de ambos mandatarios y en apariencia, no sucedió el 3 de marzo de 2011 en Washington.

El encuentro entre los presidentes de Estados Unidos y México, podría calificarse como desilusionante para quienes quisiéramos ver resultados concretos y compromisos serios por parte de Estados Unidos en el tema de seguridad binacional y de lucha contra las drogas y las adicciones, y no vimos nada de eso proveniente de la parte estadounidense, no obstante que percibimos tibios, o de plano inexistentes, los esfuerzos estadounidenses en la materia. Y son reparar en sus vociferantes reclamos huecos.

Mal va la cosa. Cuán benéfico hubiera sido que Calderón y Obama hablaran acerca de qué piensa hacer Estados Unidos para frenar las adiciones de manera seria, notable, responsable y comprometida, como para desincentivar un mercado de drogadictos millonario ávido de drogas de diversa naturaleza y origen, que a la fecha muestra un sobrado desinterés por enmendarse. Será que son irredentos, para usar la misma métrica típica estadounidense que se emplea contra los demás. Tampoco se habló del tema.

Es posible que el desinterés se deba a la, de por sí, gris administración Obama, que lo ha sido en otros tantos rubros en que se nota su impericia y su carencia de proyecto, que le han valido un torrencial aguacero de críticas dentro y fuera de su país. Es posible que en materia de combate al narcotráfico en su propio territorio tampoco cuente con políticas eficaces y México está pagando las consecuencias, al no recibir la colaboración necesaria por parte de un gobierno como el de Obama, que tampoco sabe cómo actuar o cómo tocar los enormes intereses del narcotráfico en su propio país, solapándolos.

Aconteció la reunión entre Obama y Calderón en el marco de una relación bilateral asaz complicada, que pasa por momentos muy tensos, cuando el presidente de México ha calificado de ignorante al embajador estadounidense Carlos Pascual –a raíz de revelaciones de WikiLeaks–, cuya ingerencia nada extraña al ser propia de quienes antes han ocupado el cargo, que raya sí en lo sublime, mostrando Pascual una terrible torpeza, un despropósito y una carencia de oficio brutales. Parece que Pascual se queda en su puesto de momento, mas no sería el primero en salir por la puerta de atrás, que de eso saben bastante sus predecesores, expulsados de México en más de una ocasión. Dicen que es experto en “estados fallidos”. A juzgar por resultados en la lucha antidrogas, Estados Unidos se coloca en ese rubro: es un estado fallido.

La reunión tocó el tema de la operación de agentes antidrogas estadounidenses en México. Colaboración entre México y Estados Unidos muy cuestionada por no ser recíproca. Por pretender Estados Unidos que vayan impunes y armados. Debemos denunciar que la reunión del 3 de marzo refrendó la petición al gobierno Calderón para que revalore si por fin aceptará una añeja presión estadounidense para que tales agentes anden armados por las calles de México, sin anunciar que se permita en cambio y por elemental reciprocidad, que hagan lo propio agentes mexicanos en Estados Unidos. La relación asimétrica se hace presente, nuevamente. Calderón con habilidad ha pasado el tema al congreso mexicano.

Sin duda que procede expresar con toda prontitud y claridad que sería pertinente no sólo que Calderón hubiera hecho saber a Obama que los muertos en la lucha antinarco los pone México y que las armas que circulan en México en manos del crimen organizado, son compradas y suministradas libremente desde Estados Unidos, representando un enorme negocio cuantificado en millones de dólares; estando frente a un gobierno estadounidense al completo incapaz y no interesado en controlar ni en restringir su venta, es que suena a guasa la sola existencia de una llamada pomposamente como “Oficina para el control del alcohol, del tabaco, de las armas de fuego y de los explosivos”. ¿Qué controla? ¿qué procura? ¿qué evita tan ineficiente dependencia?

Para más ínri, no saldría sobrando que Obama hubiera dejado en claro qué hará su gobierno cuando está visto que su mercado no deja de consumir drogas y hay una basta distribución en su territorio a través de manos estadounidenses que operan un mercado demandante que fomentará y hará atractivo seguir el cultivo y producción de estupefacientes, tanto en México como en muchos otros países. Nada de ello se trató, según se sabe.

Por último, advertiremos que la senadora Rosario Green, ex secretaria de exteriores –cargo en el que no destacó por ser una defensora a ultranza eficaz al cien, de la soberanía mexicana frente a Estados Unidos–, había apremiado al presidente Calderón a que dijera a su homólogo que pusiera orden en su gabinete y evitara así, declaraciones irresponsables que de cuando en cuando expresan Clinton, Napolitano, el subsecretario Joseph Westphal y demás, que por menos advierten de la inseguridad mexicana como quien mira llover y no se moja o insinúan una invasión a México si a su leal saber y entender, México no puede con cárteles que venden droga que les compra Estados Unidos y que se surte impunemente en sus armerías, adquiriendo allí las más sofisticadas armas. Desorden interno que hace pensar que muchas de tales declaraciones que elucubrábamos calculadas y calibradas desde Washington, en realidad son balas de salva que se sueltan sin control y sin el menor recato, sin tacto ni cuidado. Mas no importa, la señora Clinton no tiene antecedentes en el servicio exterior. Extráñese usted de sus asesores. Calentones de boca frecuentes. Mal va la cosa, decíamos.
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