El terror detrás de los muros de las cárceles argentinas
viernes 11 de marzo de 2011, 01:24h
Una serie de vídeos que pululan por Internet ofrecen la “película” de una de las realidades más duras, y a la vez evadida, de América Latina: la crueldad y precariedad de sus cárceles. El mundo ya se ha hecho eco de los maltratos de los que han sido objeto los presos de la penitenciaria de San Felipe, situada en la provincia argentina de Mendoza, en donde la política del terror de los funcionarios de prisiones era la que reinaba.
Haciendo alarde de un abuso de autoridad al que calificamos de vergonzoso, ocho oficiales se aprovecharon de su uniforme para humillar y vejar a los reos a punta de golpes y otras actos asociados a la tortura, con el fin de vanagloriarse de tales gestos colgando las imágenes del bizarro “reality show” en la red. Recurso que al final terminó por convertirse en el testigo y denunciante principal de estas atrocidades.
Algo que nos recuerda instintivamente al polémico experimento llevado a cabo en 1971 por el investigador y psicólogo de la Universidad de Stanford, Philip Zimbardo, en donde recreo las condiciones de una cárcel y la relación dominio-sumisión entre un grupo de voluntarios que hacían de policías y presos, o para traerlo a un contexto más reciente, a las terribles imágenes de la cárcel de Abu Ghraib.
Si bien las prisiones no han sido concebidas a modo de Spa para el retiro espiritual de los criminales y delincuentes, lo cierto es que el caso de la penitenciaria mendocina es un reflejo de lo que se ve diariamente en muchas cárceles latinoamericanas en donde la violencia es el código para la supervivencia.
Las condiciones de hacinamiento como la corrupción policial y la lentitud en los procesos judiciales, las convierten en un peligroso centro de detención que más que regenerar sirve para alimentar el odio y el resentimiento social, tanto en el corazón de los mismos reos como de los propios guardias que los custodian. Y es que en las cárceles de América Latina, si no son los presos los que se matan entre ellos en guerras internas, son los guardias los que se convierten en criminales, tan sociópatas y desadaptados como los condenados que habitan entre sus muros.