AJEDREZ POLÍTICO
jueves 27 de marzo de 2008, 21:52h
El encuentro de ayer entre José Blanco y el todavía portavoz del PP en el Congreso, Eduardo Zaplana, ha puesto fin a la ronda de contactos que el secretario de Organización socialista ha mantenido a lo largo de esta semana con los portavoces de todos los partidos con representación parlamentaria. De todas formas, aún queda mucha lana por tejer y Blanco ya ha anunciado que habrá segunda vuelta. Por el momento, el PSOE ha conseguido que tanto CiU como PNV dejen a un lado sus recelos y acepten –eso sí, con cautela- que José Bono presida el Congreso. Sólo ERC e ICV han mostrado su rechazo de plano a la candidatura del ex ministro de Defensa y el PP no ha dejado claro si votará a favor.
Aunque Blanco ha tratado de transmitir que el balance de esta ronda de contactos es más que favorable, lo cierto es que se ha avanzado más bien poco. Por una parte, el PP y el PSOE siguen siendo incapaces de cerrar acuerdos. La reunión de ayer con Zaplana terminó como empezó, con la única novedad de que el político popular dejó claro, por si había alguna duda, que su partido se niega en redondo a ceder uno de sus puestos en la mesa del Congreso, como pretende hacer el PSOE. Esta ‘galantería’ que Blanco defiende invocando a la necesidad de que exista “pluralidad” en el órgano de Gobierno de la Cámara Baja, no es sino el precio pagado por el apoyo a Bono.
Por otra parte, esta cesión, resulta muy significativa, como aperitivo de lo que pueda ser la legislatura que ahora empieza. El PSOE parece decidido a seguir cediendo terreno a los partidos nacionalistas, a pesar de que sus 169 escaños le colocan en una posición holgada, que le permite sostener la sartén por el mango en las negociaciones puntuales que necesite mantener con otros grupos. Es por ello, que no debe -ni tiene por qué- ser rehén de las reivindicaciones nacionalistas de CiU y PNV, más aún cuando este último, por más que se dé aires de grandeza, no deja de ser uno de los partidos que mayor retroceso ha sufrido en las últimas elecciones.
ESCÁNDALO DE PUERTO RICO
Después de tres años de investigaciones y tras una semana de rumores, la Fiscalía Federal Estadounidense acusaba ayer formalmente al Gobernador del estado de Puerto Rico Aníbal Acevedo Vilá, de 19 delitos federales por presuntas irregularidades en sus campañas. Falsear informes presentados a la Comisión de Elecciones del Gobierno de los Estados Unidos, transferencia fraudulenta de fondos y falso testimonio al FBI, son algunos de los cargos que se le imputan al mismo hombre que siempre se ha erigido como gran adalid de la lucha contra la corrupción política -nada más llegar a la presidencia de su partido estipuló que su formación no puede presentar a ningún candidato acusado formalmente de cualquier delito-. De esta forma, Acevedo Vilá se suma a la larga lista de gobernadores que han sido acusados por diversos delitos en Estados Unidos. Aún está muy reciente, en este sentido, el caso del gobernador de New York, Eliot Spitzer, que ha visto arruinada su carrera por un escándalo de índole sexual.
La sociedad puertorriqueña está conmocionada porque nunca en su historia se había enfrentado a un escándalo de tal calibre. La cuestión que ahora está en la cabeza de los portorriqueños es sí Acevedo Vilá dimitirá. El gobernador puede apararse en la presunción de inocencia y no sólo seguir aferrado al cargo, sino incluso presentarse a las elecciones generales que tendrán lugar en noviembre. Si no lo hace, el partido opositor, el Partido Nuevo Progresista se verá obligado a iniciar un proceso de ‘impeachment’, que sólo puede servir para desestabilizar a un país que ya se encuentra sumido en una crisis económica y social. Aunque hay voces que aseguran que la acusación de la Fiscalía no es sino una “intromisión directa del Gobierno federal” en los asuntos de Puerto Rico, como ha afirmado el abogado de Acevedo Vilá, por el bien del país se deben aclarar todos los recovecos oscuros que rodean al caso. Sólo así saldrá fortalecida la democracia portorriqueña.
ENERGÍA NUCLEAR, UN VIEJO DEBATE CON NUEVAS PERSPECTIVAS
El presidente francés, Nicolas Sarkozy, en su reciente visita al Reino Unido, instó a su homólogo británico, Gordon Brown, a firmar un acuerdo en energía nuclear. Habrá quien critique a Sarkozy por la excesiva repercusión mediática de su vida privada, lo cual, siendo cierto, no deja de ser injusto, habida cuenta del escaso control que de su intimidad tienen determinados personajes públicos. Lo que no podrán echarle en cara sus críticos es su determinación a la hora de tomar la iniciativa en asuntos que considere importantes.
Uno de ellos es el de la energía nuclear, que vuelve a ser objeto de debate en todo el mundo. Ante la fuerte subida del precio del petróleo y la creciente dependencia energética, muchos gobiernos occidentales plantean mejorar la seguridad del suministro mediante centrales nucleares. En España, la postura inicial del Gobierno parece contraria a esta energía, aunque no da la impresión de que se le dé al asunto la relevancia que merece. Francia, por su parte, está muy interesada en potenciar su uso. No en vano, más del 78% de la electricidad producida en el país galo es de origen nuclear. Y es que aquellas viejas discusiones entre defensores y detractores de lo nuclear han ido perdiendo fuelle con el paso del tiempo, hasta llegar a convertirse en un reducto nostálgico de cierta parte de la izquierda.
Y es verdad que el uso de energía nuclear tiene como principal inconveniente -en una doble vertiente: económica y de seguridad- la gestión de los residuos que origina. Pero no es menos cierto que los argumentos a favor son contundentes. En primer lugar, sus costes variables son bajos y estables. Además, a nivel geoestratégico, los países suministradores de la materia prima del proceso son estables, frente a la inestabilidad existente en importantes productores de gas y petróleo. No hay que olvidar sus bonanzas medioambientales, ya que es una energía libre de emisiones de CO2. Y por último, las mejoras tecnológicas en seguridad alcanzadas en las plantas de tercera generación aportan una dosis de tranquilidad importante, aunque aún perviva en el inconsciente colectivo el recuerdo de Chernobyl. Por todo ello, hoy en día la energía nuclear supone una opción de futuro digna de tenerse en cuenta.