A pesar de los últimos reveses que ha sufrido la identidad europea, con tres rescates financieros incluidos, los expertos le auguran un prometedor futuro a la Unión Europea en el siglo XXI. La eterna lucha de poder entre París y Berlín y la polémica que ha levantado la petición de Francia e Italia de reformar el Tratado de Schengen han vuelto a poner sobre el tapete las persistentes diferencias entre los socios comunitarios y el debate en torno hacia dónde se dirige la Europa de los 27.
En los últimos meses, la Unión Europea y sus instituciones han copado los titulares más por las malas noticias que protagonizaban que por lo contrario. A los rescates financieros de Grecia, Irlanda y Portugal hay que sumarles el recrudecimiento de la lucha de poder entre París y Berlín por el timón comunitario y la tensión diplomática entre Italia y Francia a raíz de la masiva llegada de inmigrantes magrebíes a las costas transalpinas. Con este panorama, muchos se preguntan en qué estado se encuentra la
identidad europea y si la cohesión de los 27 es la que debiera en estos malos momentos que atraviesa la UE.
Aunque la crisis financiera lleva afectando al continente desde hace más de tres años, las consecuencias más graves para la eurozona se empezaron a notar en mayo del año pasado, cuando Giorgios Papandreu, primer ministro griego, admitió públicamente que el país heleno necesitaba acudir al fondo de rescate comunitario para intentar salir de la bancarrota. La ayuda final a Grecia se fijó en
110.000 millones de euros y conllevaba una intervención financiera sin precedentes en la historia de la construcción comunitaria. Aunque muchos vaticinaron un efecto dominó masivo en el Viejo Continente, la onda expansiva de la crisis ha terminado por afectar sólo -y por ahora- a
Irlanda y a
Portugal.
Si bien uno de los principios fundacionales de la moderna Unión Europea apela a la solidaridad entre sus miembros, no son pocos los estados que se han mostrado reticentes a seguir pagando el cheque comunitario a costa de la mala gestión de otros. Al frente de este grupo se han situado
Alemania, Reino Unido y los países escandinavos, en especial Finlandia, que se han mantenido como motores de la eurozona con previsiones de crecimiento de su PIB para 2011 superiores al dos por ciento, frente al 1,6 por ciento del eurogrupo.
Pero, aunque el panorama económico de los 27 pudiera animar a los euroescépticos a cuestionar el futuro de la Unión, los expertos creen que la crisis fortalecerá la cohesión de los socios. "Los rescates financieros han provocado un reforzamiento de la política comunitaria sin precedentes", afirma a EL IMPARCIAL
Mercedes Guinea, profesora de Relaciones Internacionales de la Universidad Complutense de Madrid (UCM). "Muchas veces, situaciones graves como la actual hacen que la cohesión se revitalice y sabemos que la Unión Europea, tal y como nos dice la Historia, progresa a base de crisis", añade la docente.

De este modo, y a tenor de las afirmaciones de la profesora Guinea, la UE dista mucho de atravesar una mala época. En esta misma línea se sitúa
Ana González Marín, coordinadora de la oficina de Europa del Instituto Robert Schumann, que, en declaraciones a este periódico, sostiene que "la disensión en la Unión Europea es normal, ha pasado siempre, y no debemos olvidar que hablamos de un conjunto de 27 países con sus muchos matices, sus discrepancias y sus diferentes opiniones".
Licenciada en Derecho, González Marín cree que es imperativo que los países líderes, como Francia y Alemania, sigan colaborando con los socios que se encuentran en problemas. "No se puede dejar a los países en crisis colgados,
hay que ayudarles", señala la coordinadora del Instituto Schumann. Y es este uno de los puntos de fricción entre los 27. La dimisión del ex primer ministro luso José Socrates vino motivada por el rechazo del parlamento nacional a aprobar un exigente plan de ajuste que Bruselas había exigido para rescatar a Portugal. Así, varios líderes europeos, entre ellos la canciller alemana Angela Merkel, se cuestionan, como afirma González Marín, "la viabilidad de ayudar a un país que se niega a implementar medidas de ajuste".
A toda esta polémica hay que añadir la eterna disputa entre Francia y Alemania por llevar la voz cantante en Bruselas. El penúltimo episodio, la designación del próximo presidente del Banco Central Europeo (las apuestas apuntan al italiano Mario Draghi), pondrá punto y final a
meses de tiras y aflojas entre ambas potencias por intentar que sus favoritos sucedan a Jean Claude Trichet al frente de la principal entidad financiera comunitaria. En este sentido, González Marín reconoce que “es normal que Francia y Alemania luchen por sus intereses, son los dos países que más invierten en el proyecto común y, en consecuencia, buscan proteger ese dominio”.
De todos modos, ambas expertas coinciden en señalar que la salud de Bruselas es mucho mejor de lo que se percibe y que, como confirma la coordinadora del Instituto Schumann, "la UE tiene que funcionar desde el
escepticismo, si diéramos todo por hecho hacía tiempo que nos hubiéramos ido a pique y, si no hay debate entre los 27, la Unión no tiene justificación".
Schengen, ¿polémica o necesidad?Por otra parte, el último terremoto que ha sacudido Bruselas ha sido la petición por parte de Italia y Francia de reformar el Tratado de Schengen tras la llegada en las últimas semanas de más de
26.000 inmigrantes a las costas transalpinas provenientes del norte de África.
La polémica, que llevó al ministro de Interior italiano, Roberto Maroni, a amenazar con que su país dejaría la Unión si el resto de socios europeos no ayudaban a Italia, ha supuesto un duro mazazo a la libre circulación de personas dentro de la UE. Además, obligó al gobierno francés a cerrar durante varias horas la frontera ferroviaria común,
"Schengen lo que busca es
eliminar las fronteras interiores, lo que ocurre es que tiene una repercusión indirecta sobre la inmigración externa de los 27", apunta Guinea. Así, el actual acuerdo, ratificado por todos los países miembros (exceptuando Reino Unido, Irlanda, Bulgaria, Rumanía y Chipre) más Noruega, Islandia, Suiza y Liechtenstein, permite a los ciudadanos europeos moverse con total libertad dentro del espacio estipulado en el tratado y armonizar los controles fronterizos externos.
El debate sobre la reforma del texto, que ya forma parte de la legislación europea en forma de reglamento, lleva tiempo llamando a la puerta de los socios comunitarios. De hecho, Alemania es uno de los estados que más insiste en que se flexibilice. Pero no ha sido hasta ahora, "al calor de de
un hecho coyuntural, pura política", tal y como denuncia la profesora de la UCM en referencia a la crisis francoitaliana, cuando se ha llamado la atención sobre las deficiencias de Schengen.
"
No es malo redefinirlo, ningún texto puede mantenerse inalterado por el resto de los tiempos", señala González Marín, "pero hay que tener en cuenta que el problema reside en que somos 27 países y los intereses en temas migratorios no son siempre los mismos".
El proceso de reforma de Schengen, en caso de que se produzca, podría llevar años. A la lenta y complicada burocracia que caracteriza a Bruselas hay que sumarle el proceso de ratificación de los estados miembros que podría llevar años en certificarse.
De este modo, y aunque las malas noticias arrecian en diversos frentes, los expertos le quitan dramatismo a la actual situación de la Unión Europea y vaticinan un gran futuro para el club comunitario. Tal y como confirma González Marín, "la UE goza de una buena salud, teniendo en cuenta que hemos estado mucho peor, vamos camino de estar muy bien y si a Robert Schumann o a Jean Monet, los padres fundadores, les hubiesen dicho cómo estamos ahora,
seguro que no se lo creerían".