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Excusas ante una derrota electoral sin paliativos

martes 24 de mayo de 2011, 01:17h
En otras citas electorales, los partidos concurrentes se afanan en vender su resultado como el mejor posible -sea bueno o malo. Esta vez, sin embargo, no ha sido así. Hay un claro ganador, el PP; otros grupos que obtienen resultados bastante aceptables -caso de UPyD e Izquierda Unida, aunque ésta más por deméritos del PSOE que por méritos propios-, y un PSOE derrotado en toda regla. Toca ahora analizar el reflejo de las urnas con rigor y sensatez, aunque parece que algunos ya han empezado a culpar al empedrado. Para empezar, el propio Presidente del Gobierno, quien achacaba a la crisis todos los males que su partido sufrió este pasado 22-M.

Olvida el señor Zapatero que la crisis en sí misma, amen de resultar ya un concepto especialmente manido, no gana ni pierde elecciones. Es la gestión de la misma lo que mueve al electorado a decantar su sentido de voto y a la vista está lo que piensan los españoles. Crisis ha tenido todos los países europeos y, en efecto, es previsible que cualquier gobierno, independientemente del color político, hubiera sufrido un castigo electoral severo. El problema es que el señor Zapatero ha gestionado la crisis tarde y de manera irresponsable. Y eso es lo que han penalizado los votantes, convirtiendo un correctivo en una hecatombe. Tampoco son admisibles los argumentos utilizados por los medios de cabecera del Gobierno, que trasladaban a los “indignados” de la Puerta del Sol la responsabilidad de una posible fuga de votos. Precisamente, el voto es algo que se conquista y, si el PSOE ha perdido tantos, sería pueril pensar que la sentada de unos cuantos descontentos puede haber sido determinante a la hora de explicar su derrota. Además, está el tema de Bildu: los socialistas han propiciado que ETA entre en las instituciones por la puerta grande, con más de un millar de acólitos. Habrá que preguntar ahora tanto a Eduardo Madina como a Odón Elorza qué les parece.

Pero también el PP, pese a su victoria, debe evitar caer en el triunfalismo ante determinadas situaciones que requieren un punto de atención. Por un lado, Asturias, donde el denostado Cascos ha puesto en evidencia a los advenedizos que pretendían condenarle al ostracismo. Por otro, Valencia. Pese al excelente resultado de Francisco Camps, no puede obviarse el hecho de que en la lista que él mismo encabezaba hubiese nueve imputados. Génova debe tener muy presente que una cosa son las urnas y otra muy diferente el respeto a la legalidad vigente. De cómo actúen a partir de ahora, dependerá que los electores vuelvan o no a depositar su confianza en ellos.
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