Guns and Roses
José Antonio Ruiz
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jantonruytelefonicanet/9/9/20
viernes 27 de mayo de 2011, 20:11h
El PSOE no necesita un Comité Federal que rememore los concilios ecuménicos que precedieron al Gran Cisma de Oriente y Occidente; ni unas primarias para desmarcarse del divino dedazo de E.T. el extraterrestre; ni siquiera un Congreso Extraordinario donde tirios y troyanos, como en la Eneida de Virgilio, acabarían sacándose los unos a los otros los ojos tal cual parece que sucedió en la leyenda de Orión, y donde habría más sangre que en Pesadilla en Elm Street, protagonizada por un tal Alfredo Krueger.
Lo que el PSOE necesita son unos buenos ejercicios espirituales en la abadía benedictina de Santo Domingo de Silos, allí donde el ex presidente Aznar, el mismo que ungió a Rajoy, afilaba los colmillos de jabalí y su acreditada mala leche en vísperas de la apertura de la veda de caza política, jugando al dominó con los lugareños y comiendo sopa aguindillada con los monjes, que ahora que lo pienso lo mismo fueron quienes le sugirieron la maliciosa idea de que a su vuelta a Madrid acudiera presto al Congreso para ponerse cansino con aquella matraca del «Váyase usted señor González», que acabó convirtiéndose en el politono de Felipe con mayor número de descargas y en la canción del verano. Claro que también son casualidades que el monje portero de la hospedería de la Abadía se llame Fray José Luis.
Aunque lo mismo no es buena idea, no vaya a ser que a la vice Salgado, otra alegría de la huerta, estando como están las arcas del erario público más vacías que la cabeza de la mayoría de los zombis vivientes que se arremolinan alrededor de la mesa de torturas del Consejo de Ministros, en lugar de emular a San Benito («fidelidad y trabajo»), se ponga zarzuelera y tenga la ocurrencia de reinstaurar la desamortización de Mendizábal tras reparar en el chollo que supondría subastar en Sothebys el claustro románico.
La verdad es que cuesta imaginar al místico Rubalcaba llevando vida de eremita intrigante, postrado de rodillas ante el sepulcro político de su predecesor, oculto bajo el hábito de un monje incrédulo, tocado con una capucha negra y con un escapulario de San Alberto Magno sobre el pecho-pollo, con el Antiphonarium abierto por el «Réquiem Aeternam» (Misa de Difuntos), haciendo alardes de sus actitudes innatas para el canto Gregoriano, entregado a la oración, la meditación y la contemplación, y sobre todo alejado de las tentaciones y de los malos pensamientos, antes de someterse al Cónclave que debiera consagrarle como el padre espiritual de la comunidad, o sea, como el Abad ateo del tanatorio-morgue de Ferraz, donde hay más cadáveres que en el anatómico-forense de CSI a la espera de autopsia, inhumación o embalsamamiento, y donde no se va el olor a muerto ni menos aún el tufo a momia por más friegas que se le da a las estanterías de acero inoxidable con hipoclorito de sodio.
Ya puestos a desdramatizar la tragedia socialista, más difícil todavía se antoja figurarse a Carmina Chacón, la niña de mis ojos (y los de su manager y además señor marido), flor de languidez melodramática de viuda apenada, ejerciendo de novicia como Audrey Hepburn en The Nun’s Story, leyendo a sus camaradas de congregación los escritos de San Ignacio de Loyola o recitando el soneto de Gerardo Diego dedicado al famoso ciprés, con el morbo añadido de imaginarla recostada en su mismidad perfilada al trasluz bajo el dintel de la Puerta de las Vírgenes.
Sólo el examen de conciencia y el firme propósito de enmienda libra a los jerarcas socialistas de no ir derechos al lago de fuego y azufre del libro del Apocalipsis donde el «Falso Profeta» fue atormentado día y noche por los siglos de los siglos.
Entretanto, mientras se consuma el cataclismo, a falta de un poeta de cabecera ducho en la elegía, el epitafio, la esquela o mismamente la necrológica política de ZP (que sigue levitando en lo alto del campanario como si las campanas no doblaran por él), está llamado a marcar un hito en la historia del obituario periodístico, género fúnebre donde los haya tan sólo superado en sopor por las crónicas marcianas parlamentarias del día después de la sesión de los miércoles.
De tanto negarse a que entierren su cadáver de muerto in sepulto, puede que al final se libre de la caja de madera, la corona con la dedicatoria más hipócrita que pudiera esperar de sus amistades falsas de conveniencia, la lápida de mármol, el panteón y el ramillete marchito de crisantemos. Pero como no se ande con tiento, lo van a acabar incinerando los suyos, reduciendo el legado de su triste recuerdo a una urna llena de cenizas como la de la azotea de Génova donde Mariano acostumbra a fumarse unos puracos como los de Fidel.
Como dejó escrito Borges en Los conjurados, «la muerte es más inverosímil que la vida». Y al leonés lo van a desguazar aunque como a todo condenado en el corredor de la muerte le asista el derecho a elegir el color de la mortaja y la banda sonora de su tránsito al otro mundo.
Lo que a este cronista no le cabe ninguna duda, es que como en el sanedrín de Ferraz le hagan caso a un tal Odón Elorza, otro listo, como el atún calvo, que se creía eterno, o a Jesús Maraña, el director del diario proto-socialista Público, que dice que con un simple giro a la izquierda rancia y una mano de cal viva la casa común de la izquierda vuelve a lucir blanca y lustrosa y a remontar el vuelo, la travesía del desierto del Kalahari con una cantimplora de gasolina y una cerrilla va a ser una broma de mal gusto comparada con el infierno que le toca pasar al PSOE, del que no escaparía vivo ni Rambo.
Andan tan perdidos en Moncloa y en Ferraz como Jack Shephard al frente del reparto de Lost, atribulados con la idea de tener que acudir al INEM a sellar el carnet de paro o, en el mejor de los casos, a tener que doblar el espinazo.
El PSOE no sólo necesita un candidato a jefe de la oposición durante los ocho próximos años. Si sólo fuera eso, bastaría con encomendar a un head-hunter el fichaje de un auxiliar administrativo con manguitos y contratar con una agencia de publicidad la organización de un concurso de ideas entre los okupas que siguen acampados, como los camisas caquis de la O.J.E., en el campamento de refugiados de Sol, donde las pulgas están alcanzando la masa corporal de los elefantes y las malas pulgas justificadas de los comerciantes indignados están llegando a un límite extremo de no poder aguantar más tanta gilipollez.
Los socialistas necesitan por encima de todo un discurso que fije el rumbo de un barco que zozobra a la deriva rumbo al sufragio después de perder todos los aparejos de la socialdemocracia por el camino de una travesía lamentable de siete años de ocurrencias suicidas.
ZP ganó las Generales de 2008 a costa de convencer a su tropa de incondicionales a base de homilías conducentes a demostrar que no existía ninguna crisis más allá de la que pergeñó el antipatriota Pizarro en su debate electoral con Solbes. Y resulta que la noche negra en la que se ha llevado un revolcón de los que marcan época, va y culpa a la crisis del trompazo socialista. Hasta los cortos de sesera están comenzando a darse cuenta.
Teniéndolo como lo tiene crudo como el petróleo, a Zapatero lo único que me atrevo a aconsejarle son unos votos de silencio, pues la única salida que le queda es entregarse a la introspección dentro de una cabina telefónica, desprovisto del cinturón, de la corbata y de las cordoneras de los zapatos no le vaya a asaltar un mal pensamiento.
Se entiende que a enfermos de linotipia como un servidor les interese por deformación profesional lo que acontezca en la jaula de grillos de Ferraz. Pero al españolito de a pie, con la que está cayendo, lo que pase con el PSOE, con el PP, con IU o con Falange se la trae floja, o como diría en su castellano culto y recatado Gonzalo de Berceo, le importa un huevo que al final sea rosa o capullo.
Por eso, querido Pepe Bono, tú verás cómo lidias la corrida. Pero ándate con tiento con la muleta y despacha al morlaco tan presto como puedas con el descabello…, porque aquí huele a muerto.
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Periodista
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jantonruytelefonicanet/9/9/20
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