El Gobierno ha filtrado por dónde va a llevar la
reforma del mercado laboral. Tenía que ser algo más que el lavado de cara de septiembre de 2010. Pero Rubalcaba ha impuesto su ley.
Dejemos claro, sucintamente, el contexto. Nuestros socios europeos
no quieren darnos dinero. Tenemos que solventar la crisis fiscal y para ello es fundamental reducir el paro. Y eso exige reformar de verdad el mercado laboral. Lo cual, a su vez, pasa por acabar con los convenios colectivos. Hasta aquí la esfera económica. Vamos con la política. Los sindicatos saben que una reforma de verdad acabaría con gran parte de su poder y no pueden aceptar un cambio que acabe, de hecho, con los convenios. Por otro lado está la situación de Alfredo Pérez Rubalcaba. Es el candidato socialista a las elecciones generales y no quiere presentarse como miembro de un gobierno que ha liberalizado el mercado de trabajo. Necesita el apoyo político de los sindicatos, para presentarse ante sus electores como un candidato capaz de aglutinar a la izquierda y vencer a la derecha.
Así las cosas, como apunta Hispanidad, Rubalcaba le ha impuesto a Elena Salgado que la reforma se quede en
agua de borrajas. Lo explica
con estas palabras: “No quiere perder el apoyo electoral de los sindicatos y de la izquierda. No habrá despido subjetivo con 20 días de indemnización, ni simplificación de contratos. Tampoco se suprimirá la ultra-actividad ni se permitirá el descuelgue. Apenas se modificará la movilidad funcional y geográfica. El poder sindical continuará intacto”. Además cobra protagonismo las comisiones paritarias a la hora de decidir la flexibilidad interna. Gaspar Llamazares ya ha dicho que una ley así no satisfará a los liberales ni a la derecha. Pero eso da igual. No satisfará a la Comisión Europea y, sobre todo, no servirá para liberalizar el mercado laboral y generar empleo.
El
Consejo Económico y Social (CES) ha concluido que el peor problema económico de España es el paro y ha recordado en su Memoria sobre la situación socioeconómica y laboral de España 2010 que España tardará diez años en volver a una tasa del 8 por ciento. Y es una de las pocas voces que recuerda que el copago es una idea razonable. Si el precio es cero, la cantidad demandada no tiene límites. Y puesto que lo que consumimos de sanidad lo pagamos, aunque vía impuestos, acabamos pagando más que lo que queremos por utilizar la sanidad pública más de lo que necesitamos.
El ministro alemán de Economía (y Alemania está entre los primeros interesados en el caso), dice que
Grecia tiene dos opciones: O la
reestructuración, es decir, pagar con plazos más largos y con alguna quita, o el
impago. Y Alemania está interesada porque el propio euro está en riesgo. Un riesgo muy ligero, es cierto, pero que su futuro no está despejado, de eso no hay duda. Ya se habla abiertamente, como hemos recogido en estas crónicas, de la posible salida de Grecia del euro, que le permitiría crear una moneda propia devaluada. El euro es muy importante para la primera economía europea. Como recoge Natixis,
a Alemania le ha ido mejor desde que está el euro. Las razones son claras: “El euro ha permitido a Alemania mejorar su competitividad contra otros países de la eurozona, sin que éstos hayan devaluado su moneda”. Por otro lado, “la desaparición del riesgo cambiario ha favorecido una especialización productiva por países, y en consecuencia una concentración de la industria en Alemania”. Natixis apunta una tercera razón, quizá menos clara, pero no por ello relevante: “Una vez introducido el euro, se hizo racional llevar a cabo varias reformas estructurales que son ahora favorables para Alemania: reducción de los costes laborales, cambios en la regulación laboral y reforma impositiva”.