Cerca de 50 millones de turcos están llamados a las urnas este domingo para elegir nuevo primer ministro y renovar el parlamento nacional. Si no media una mayúscula sorpresa, Recep Tayip Erdogan renovará la mayoría que ostenta actualmente y afrontará su tercera legislatura consecutiva. En el punto de mira del país, las aspiraciones a formar parte de la Unión Europea, cada vez más endebles, afianzar a Turquía como un actor de peso en la región y continuar con la buena línea económica que ha seguido el país de la Ay Yildiz, de la media luna y la estrella.
Este domingo, Turquía acude a las urnas con la duda de si renovar o no la línea reformista puesta en marcha hace casi una década por el actual primer ministro,
Recep Tayip Erdogan. En 2002, con el país padeciendo los rigores de una importante crisis económica, el claro favorito para revalidar su puesto en los comicios de este fin de semana logró sacarlo de la recesión y, tras una serie de acertadas reformas de corte neoliberal que han logrado que el PIB crezca a un ritmo superior al ocho por ciento, auparlo hasta la segunda línea del concierto financiero mundial, el de los estados emergentes.
Turquía se ha involucrado en los últimos años en los conflictos que tienen lugar cerca de sus fronteras, como el de Palestina, el de Líbano e Israel, el de Nagorno-Karabaj o la tensión que rodea al programa nuclear de Irán. Con mayor o menor acierto, el gobierno de
Ankara ha desviado su política de influencia hacia Oriente con el objetivo de ganar peso en el escenario internacional. Además, el país cuenta con una posición geoestratégica clave -a mitad de camino entre Oriente Medio y Europa- y es un miembro de peso en el seno de la OTAN.
Esta nueva estrategia la encabeza el ministro de Asuntos Exteriores desde 2009, Ahmet Davutoglu, prestigioso intelectual, profesor universitario turco y uno de los grandes consejeros de Erdogan.
Europa, cada vez más lejosEn 2005, cuando se dio luz verde al proceso de adhesión a la Unión Europea de Turquía, surgió una ola de rechazo a lo largo y ancho del Viejo Continente que dio al traste con las aspiraciones a corto y medio plazo de los
73 millones de turcos de formar parte de la familia comunitaria. El miedo a una islamización de la zona oriental de la UE, el contencioso territorial con Chipre, el incremento poblacional que supondría la inclusión del país otomano y la progresiva ampliación de las fronteras comunitarias pudieron con los numerosos argumentos históricos, políticos, sociales y económicos esgrimidos por Erdogan.

Seis años después, y con el proceso de adhesión
en punto muerto, Ankara se tiene que contentar con formar parte de la Unión Aduanera de la Unión Europea, la antesala para ser miembro de pleno derecho. Mientras, Turquía ve cómo Serbia o Croacia ganan enteros para ampliar la comunidad más allá de los 27 miembros actuales.
Sin ir más lejos, esta misma semana, Herman Van Rompuy, presidente del Consejo Europeo, y Boris Tadic, primer ministro serbio, se reunieron para abordar el proceso de adhesión del país balcánico tras la detención del general Ratko Mladic. Prófugo de la justicia durante años, la captura de Mladic era una de las condiciones impuestas por Bruselas para desbloquear la adhesión, un hecho consumado, según fuentes del gobierno de Belgrado.
Además, este mismo viernes, Jose Manuel Durao Barroso, presidente del Ejecutivo comunitario, confirmaba que Croacia podría ser el socio número 28 de la Unión Europea si continua con el plan de reformas exigido por la UE. De este modo, el país balcánico podría alcanzar su objetivo
"en julio de 2013", según confirmaba el propio Durao Barroso.
"Turquía no es Europa y no lo será jamás"Alejandro Muñoz-Alonso, habitual colaborador y columnista de
EL IMPARCIAL, cree que la adhesión de Turquía "está todavía muy lejos de ser consensuada en el seno de la Unión Europea y los dos países más importantes, Francia y Alemania, han hecho pública, en más de una ocasión, su oposición a la entrada de Ankara en el bloque europeo".
Una opinión muy similar es la que esgrime
Antonio Marquina, catedrático de Seguridad y Cooperación en las Relaciones Internacionales de la Universidad Complutense de Madrid (UCM) y experto en asuntos relacionados con Turquía en declaraciones a este periódico. Según Marquina, la sensación de la sociedad turca acerca de su posible adhesión a la UE es la de "una percepción fundamentada, por otra parte, en hechos reales, de que Bruselas no les quiere, por eso el gobierno de Erdogan se mueve con independencia y eso conlleva un doble discurso: uno en función de la Unión y otro más en clave nacional".
El profesor de la UCM también sostiene que Turquía está viviendo un proceso de islamización creciente y que, con las condiciones actuales, pensar en una inclusión de Ankara en el club de los 27 "es imposible teniendo en cuenta que su gran argumento, el de la multiculturalidad europea, se ha venido abajo en los últimos años". Además, Marquina asegura que "para bailar un tango son necesarios dos, y
Bruselas no está muy por la labor".
De este modo, algunos expertos señalan que Erdogan parece haberse cansado de los cantos de sirena europeos y ha decidido cambiar su estrategia volcándose en Oriente Medio con el objetivo de seguir ganando peso estratégico en una región cada vez más convulsa. Además, Van Rompuy, reconocido detractor de la idea de incluir a Ankara en la UE, llegó a declarar en su día que
"Turquía no es Europa y no lo será jamás".
"Es normal que Erdogan y Turquía se centren más en Oriente tras constatar el
desencanto europeo, es un medio para sustentar su importancia en la región sin dejar de perder presencia en Occidente", concluye Marquina, muy escéptico con el futuro europeísta del país otomano.
Victoria claraEn clave electoral, los sondeos previos muestran una holgada victoria de los islamistas moderados del
Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP) de Erdogan. Si se cumplen los pronósticos, el actual primer ministro revalidaría su gobierno por tercera legislatura consecutiva, haciéndose con entre el 40 y el 50 por ciento de los 331 escaños con los que cuenta el Parlamento.
Una victoria que le sabría amarga a Erdogan, puesto que el número de escaños que obtendría no sería suficiente para lograr el 60 por ciento necesario para poner en marcha la
reforma constitucional que lleva preparando desde hace meses. Los planes del actual primer ministro aspiran a modificar la Carta Magna y convertir a Turquía en una república presidencialista en la que él heredaría el lugar que una vez ocupó
Mustafa Kemal Atatürk, padre fundador y líder espiritual de la nación desde 1923.
En segunda posición se situarían los socialdemócratas del
Partido Republicano del Pueblo (CHP), que encabeza
Kemal Kiliçdaroglu, el 'Gandhi turco', y gran sorpresa de la campaña electoral. Con un aspecto muy similar a la del pacifista indio, el líder del CHP ha sorprendido a propios y a extraños con su mensaje reformista y conciliador impropio de su formación que, tradicionalmente, esgrimía un discurso mucho más hostil con las políticas de Erdogan y con las aspiraciones europeístas de su país. Las encuestas otorgan a Kiliçdaroglu un 30 por ciento de los votos, un porcentaje que se traduciría en cerca de 160 diputados.
Las otras dos formaciones que concurren este domingo a las elecciones son el
Partido de Acción Nacionalista (MHP), al que los expertos auguran un duro batacazo tras los numerosos escándalos sexuales que han protagonizado algunos de sus miembros en los últimos meses, y el
Partido de la Paz y la Democracia (BDP), la representación política de la minoría kurda, que se ha sobrepuesto a los
45.000 muertos que arrastra el conflicto desde 1984.
Según los sondeos, los ultranacionalistas del MHP se tendrían que conformar con entre el 10 y el 15 por ciento de los votos, mientras que el BDP, que ha presentado numerosas listas electorales independientes para poder optar al parlamento y que se ha desligado de la violencia del
Partido del los Trabajadores del Kurdistán (PKK), declarada por Bruselas y Washington como organización terrorista de corte independentista, podría llegar a contar con 30 diputados.
El sistema electoral turco se estructura de acuerdo a la
ley d'Hondt, un sistema por el cual sólo las formaciones que obtengan más de un 10 por ciento de votos en todo el estado pueden tener representación parlamentaria. De este modo, la comunidad kurda, que pierde peso más allá del este del país, ha presentado numerosas listas independientes en el resto del territorio nacional, que consta de 81 provincias, para lograr superar esa barrera.
Acusado por sus opositores de haberse convertido en un político intolerante y de haber traicionado los principios que le auparon al poder en 2002, muchos creen que Erdogan intenta superar al mito de Atatürk y reconquistar la gloria del
Imperio Otomano, cuyas fronteras alcanzaron desde la Península Arábiga hasta Eslovenia, desde el Mar de Adén hasta Túnez. Un sueño en el que cada vez está menos presente el formar parte de la Unión Europea.