El príncipe MulayHicham advierte del peligro de enfrentamiento
El Movimiento 20 de Febrero y el rey Mohamed VI frente a frente
martes 21 de junio de 2011, 10:30h
Miles de marroquíes se echaron ayer domingo a las calles para manifestar su rechazo al nuevo texto constitucional. En las ciudades pequeñas, incluida Rabat, se vieron bloqueados por otras “marchas” organizadas por las autoridades locales del Majzén que enarbolaban retratos del rey y gritaban su adhesión al régimen. Pero en Casablanca, donde los manifestantes pasaban de los 20 mil, optaron por desviar su recorrido para no caer en la provocación y consiguieron hacer oír su negativa al proyecto de Ley fundamental.
En un artículo publicado en Francia (Libération.fr) bajo el título “El rey frente a la tentación securitaria”, el príncipe MulayHicham, primo del monarca alauita, considera que los jóvenes del 20-F son el eco de la primavera árabe y “conllevan su dinámica”, mientras que “el régimen busca arrastrar a otras fuerzas sociales hacia una reforma constitucional”, lo que conduce a un cara a cara: “las dos partes se estudian para sondear sus fuerzas y sus debilidades respectivas”.
MulayHicham, que conoce los entresijos del poder y los mecanismos internos de su gestión, cree que “el régimen pone a prueba su capacidad para contener esta presión por una mezcla de cooptación y de represión, al tiempo que apuesta por las fuerzas de la restauración muy activas en la región”.
En el campo de la “reforma constitucional” lanzada por Mohamed VI se sitúan “loslideres tradicionales de los partidos y los sindicatos”, que se han lanzado a proponer cambios en los Artículos de la nueva Ley, según MulayHicham, “bastante buenos” como para otorgar al régimen una credibilidad en materia de reforma democrática. Sin embargo, estima el Príncipe alauita, “la creciente desilusión con respecto a la apertura democrática provocará con toda seguridad nuevas manifestaciones”.
Es cierto que las prerrogativas del Rey tal como se enunciaban en la anterior Constitución han sido reestructuradas. Su persona ha dejado de ser “sagrada”, lo que había supuesto un escándalo en toda la órbitaislámica. Ni siquiera el imam Khomeiny se había atrevido a ostentar este epíteto. El líder de la Revolución islámica iraní se había limitado a llevar a cabo “una misión sagrada”, pero su persona física era como la de cualquier mortal. La “sacralidad” del rey, heredada de la Constitución de Hassan II, no tenía pues cabida en el Marruecos del siglo XXI.
También es cierto que en la nueva Constitución el Rey cede ciertospoderes al Presidente del Gobierno, aunque los recupera por su papel de presidir el Consejo de Ministros y de dar el visto bueno a las propuestas de éste de nombrar ministros, embajadores o responsables de la Administración. Sin embargo, el proyecto constitucional no hace ninguna mención a las prerrogativas reales de naturaleza patrimonial, que hacen del Rey la primera fortuna del país, el primer inversor, el primer empresario, el primer latifundista, el dueño de la Bolsa y quien además de utiliza la información privilegiada, decide los nombramientos en los puestos claves del sistema económico y financiero del país.
El artículo del primo de Mohamed VI incita a los jóvenes a seguir luchando por sus aspiraciones, y “elaborar un proyecto” que incluya crear en Marruecos “un espacio político más abierto”. Sin embargo MulayHicham no desespera de que el régimen vaya másallá de los simples cambios cosméticos. “O bien la reforma constitucional es substancial y es el comienzo de una democratización de toda la sociedad; o es superficial y sirve de excusa para una mayor represión lo que provocaría más ardor militante”.
MulayHicham deja entender que el monarca se encuentra en un punto crucial de su reinado, y alude a la decisión de Marruecos de integrarse en el Consejo de Cooperación del Golfo, junto a las monarquías tuteladas por Arabia Saudita. “Ningún Club de reyes protegerá a una monarquía de la cólera del pueblo, si ese mismo pueblo ha sido golpeado por ese club de reyes. Las heridas se graban en la memoria con más fuerza que un simple escrutinio”.
Una prueba de las dificultades de que el paisaje político se modifique profundamente en Marruecos la proporciona la agencia oficial de prensa MAP, portavoz autorizado de lo que piensa y quiere comunicar el régimen. En sus últimas ediciones dedica decenas de notas de prensa a mostrar la adhesión de los partidos políticos y sindicatos a la nueva Constitución, así como de personalidades tanto marroquíes como extranjeras. Hace otro tanto con el “gran eco” que ha suscitado el anuncio del Rey en todo el mundo. Pero no dice una solapalabra de las manifestaciones de los jóvenes del 20 de Febrero. Simplemente esa parte de la sociedad marroquí no existe.