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En la FRONTERA

Ya son 97

martes 05 de julio de 2011, 09:26h
Ya son 97 lo soldados muertos en la guerra de Afganistán. Sí, digo guerra porque por más que se empeñen los que nos gobiernan, estamos embarcados en una guerra en la que nuestros soldados no tienen la autonomía suficiente cuando se trata de repeler un ataque. Hay que pedir permiso “no sea que la misión humanitaria deje de serlo”.

La soldado Niyireth Pineda y el sargento Manuel Argudín han sido las últimas víctimas de esta guerra absurda-¿donde están los de la ceja?- y en la que los Estados Unidos ya han conseguido su objetivo principal: matar a Bin Laden. Ahora hay un plan programado de retirada en la que esperemos nuestros soldados no sean los que cubran esa “retirada”.

Una guerra en la quisiera destacar la labor, la excelente labor, de nuestros capellanes castrenses, padres, amigos y hermanos de nuestros soldados que buscan en los capellanes no solo la asistencia religiosa, sino la compañía y el consejo ante situaciones personales difíciles. Me consta que ha habido capellanes que han conseguido evitar desgracias irreversibles.

Por eso, quiero destacar la magnífica homilía que el Arzobispo Castrense, Juan del Río, pronunció durante el funeral por las dos últimas víctimas. Ese día me encontraba fuera de España y pude ver como varios informativos de televisión recogían esas palabras, ese lamento de Monseñor Del Río: “¡Dios mío! Qué elevado precio tiene la libertad. Qué interminables se hacen los días para un soldado hasta llegar a la misión cumplida. Anhelamos un mundo construido sobre las bases de la justicia, el derecho y respeto entre las naciones y nos topamos continuamente con aquellos que han hecho del pánico su forma de vida. Parece como si el oprobio de la guerra fuera a triunfar frente a los anhelos de paz entre los pueblos”.

Y es verdad el elevado precio que tiene la libertad. Nuestros soldados están en Afganistán, en la guerra, y cumplen con su deber, mientras aquí, y como sucede siempre, nos vamos acostumbrando a las noticias de la muerte, vengan de donde vengan, porque estas solo son noticia unos momentos. Después las preocupaciones nos llegan por otros asuntos, banales asuntos, mientras olvidamos que “debemos anhelar un mundo construido sobre las bases de la justicia, el derecho y el respeto”.

No olvidemos nada y guardemos en nuestras retinas la imagen del Príncipe de Asturias entregando la bandera de España al niño de once años, hijo de la soldado Niyireth, nuestra víctima número 97.
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