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TRIBUNA ECONÓMICA

[i]Los mercados financieros: segundo aviso[/i]

sábado 16 de julio de 2011, 16:22h
No es inoportuno, en plenos Sanfermines, señalar que, primero el 8 y después el 12 de julio de 2011, los dirigentes de la economía española han recibido ya dos avisos por parte de los mercados financieros mundiales. ¿Por qué exactamente ha sucedido esto?

En primer lugar por la situación económica internacional. Se pensó que en el año 2010 se habían puesto las bases de una seria recuperación, y he aquí que, en el 2011, el desmoronamiento es visible. En Estados Unidos aumentan el paro y los déficit del Sector público y de las balanzas comercial y por cuenta corriente; en China, la inflación se suma a serios problemas sociales y financieros; en Gran Bretaña impresiona la subida de precios; Japón sale del estancamiento que llevaba desde hace una veintena de años, no para progresar, sino para hundir su PIB este año; finalmente, en el Área del euro toda una periferia que comienza en Irlanda y concluye en Grecia, asusta a los acreedores y muy especialmente a Alemania , porque no da la impresión de poder devolver en un 100% los créditos recibidos. En ese caso, ¿qué puede suceder en relación con el euro? Y he aquí que España amenaza con todo su peso económico —entre el 10 y el 12 puesto en el conjunto de la economía mundial y del modo remoto que se quiera, la estabilidad de la eurozona. La crisis y el rápido crecimiento de la deuda pública respecto al PIB, convierten en plausible la posibilidad de no poder atender el servicio de su deuda. Esto no sucedía, como nos recuerdan Antonio Monzón Fueyo y López Morell desde que en julio de 1823, el retorno al absolutismo de Fernando VII provocó que se repudiase una Deuda pública emitida por los liberales, por una cuantía de 2.717 millones de reales. El impacto negativo que provocó, motivó que entonces en la City se crease el Committe of Spanish Bondholders. Esto, ¿podría de algún modo repetirse? Como señalan Carmen M.

Reinhart y Kenneth S. Rogoff en su trabajo “A decade of debt” (National Bureau of Economic Research, http://www.nber.org/...) es un dato actual que las Deudas públicas en las economías avanzadas han alcanzado en los años recientes niveles no recordados desde finales de la II Guerra Mundial, sobrepasando las cifras logradas durante la I Guerra Mundial y la Gran Depresión. Al mismo tiempo, los niveles de deuda privada, particularmente los de las instituciones financieras y de los hogares se encuentran en lo que se podría denominar en los mapas «terra incognita» y son, en grado diferente, un riesgo eventual del sector público en varios países. El que España tenga en este momento, en conjunto, una deuda exterior bruta superior a los 1.700 miles de millones de euros, nos enlaza con esa situación.

Por ello, se intenta esquivar estos problemas por cuatro medios. En primer lugar presionando a España para que, al reducir el gasto público y equilibrar los presupuestos, disminuya su impacto en los mercados de la deuda. Simultáneamente se intenta que la economía española sea más competitiva, disminuyendo el volumen total de deuda, porque así se abaratará el crédito. Por supuesto que esto se facilitaría con ese “corte de pelo” que es una inflación, combinada con una caída de los tipos de interés. Pero si la política del Banco Central Europeo, y concretamente de Alemania, no va por ahí, la única solución será vender activos públicos y contraer el gasto con dureza.

El segundo medio es provocar un fuerte desarrollo, aumentando la competitividad de la economía española. La presión exterior hasta ahora se ha limitado a intentar convencernos de la importancia de incrementar la flexibilidad del mercado del trabajo o aumentar la edad de jubilación. Es posible que recibamos otras instrucciones. Deberíamos adelantarlas y poner esas medidas en marcha nosotros.

El tercer medio es situar deuda en fondos de pensiones y, como se hace ahora mismo, en las reservas de la Seguridad Social y otros lugares para “cautivarla”. En España recordemos el papel que en este sentido tuvieron activos de las Cajas de Ahorros. Una vuelta atrás en el tiempo, en este sentido no puede ser descartable.

El cuarto medio es el más brutal: al subir con fuerza el diferencial de los tipos de interés, queda claro que así es imposible salir de la depresión. Estas subidas no deben ser permanentes, porque causarían el fruto no querido de la suspensión de pagos de la economía española y con ello la caída vertical de los activos de los acreedores. En el caso español —basta contemplar las cifras ofrecidas por el Banco de Pagos Internacionales, de Basilea el acreedor que experimentaría pérdidas notables sería Alemania.

Como Reinhart y Rogoff señalan en ese trabajo, es evidente que los altos niveles de deuda ahogan el crecimiento. Hemos sido avisados recientemente dos veces de ello. Si dejamos de reaccionar veremos entonces cómo el presidente o sea los mercados tras pasar un tiempo razonable, ordena que suenen los clarines del tercer aviso. Ya no habrá solución alguna.


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