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Al año del derrumbe de la mina de San José

Los 33 mineros de Atacama no tienen "dónde caerse muertos"

jueves 04 de agosto de 2011, 12:47h
Este 5 de agosto se cumple un año en que los 33 mineros de la mina de San José quedaron atrapados a 700 metros de profundidad, logrando una de las proezas más increíbles e insólitas de la primera década del siglo XXI al lograr sobrevivir bajo tierra por 70 días. Sin embargo, pese a que son considerados unos héroes, la tragedia no les ha traído suerte o fortuna, y los viajes así como los minutos de fama, son hoy cosa del pasado.
Tras el accidente que hace un año casi les cuesta la vida, los 33 mineros de Atacama han saltado a la fama y han podido recorrer mundo, pero la tragedia no les ha traído mayor fortuna y, pese a su hazaña, ahora no tienen "dónde caerse muertos", asegura a Efe uno de ellos.

"No tenemos dónde caernos muertos", dice con rotundidad Pedro Cortés, quien, al hacer un diagnóstico de su situación actual, concluye con un sombrío balance: "Todavía con problemas psicológicos, sin poder dormir, con deudas y sin trabajo".

Cortés, que con sus 26 años es de los más jóvenes del grupo, se muestra reacio a dar entrevistas porque no le gusta lo que los medios de comunicación dicen de los 33 mineros chilenos, que este viernes recordarán con una misa el primer aniversario del derrumbe.

Le disgusta, especialmente, que opinen que se están aprovechando del Estado con la millonaria demanda que interpusieron por la presunta negligencia a la hora de fiscalizar el yacimiento San José, que durante setenta días les mantuvo atrapados en sus entrañas.

Y le molesta, también, que otros piensen que se han llenado los bolsillos con el relato de esta historia, de la que por el momento el mejor regalo que han recibido ha sido la posibilidad de volar lejos de Chile, invitados a Estados Unidos, Grecia, Inglaterra o Israel.

Esas escapadas a otros mundos son lo mejor que Cortés rescata de este año, marcado por los altibajos emocionales. "Los viajes son lo único bien que me han hecho, porque la unión familiar se perdió por el aspecto psicológico. Mis padres y mi hija no han tenido tratamiento, entonces todavía hay tensión, nos estresamos por cualquier cosa", explica.

Tras la traumática experiencia de permanecer atrapados bajo tierra, los mineros estuvieron en tratamiento psicológico, pero casi todos, incluido él, recibieron ya el alta médica, aunque eso no sea garantía de estabilidad emocional.

"Aún hay siete con licencia, pero si le hacen un examen psicológico a los 33, ninguno está bien de la cabeza, así que no sé qué alta le llaman", señala escéptico. "El problema en la mente y en el corazón todavía sigue", advierte.

Mientras su cuerpo reacciona aún ante los efectos de un cautiverio involuntario, él ocupa su mente en estudiar mantención eléctrica, pese a que la falta de ingresos se ha traducido en una creciente deuda para pagar los cursos.



Sobre la relación con sus compañeros, que ha dado para especular con posibles roces y alejamientos, Cortés considera es "buena, igual como era antes". "No éramos los mejores amigos, pero seguimos como compañeros. Somos 33 mentes diferentes, 33 maneras de pensar diferentes", recuerda.

Con ellos se volverá a encontrar este viernes, en una ceremonia ecuménica en una iglesia de Copiapó, a 800 kilómetros al norte de Santiago, en pleno desierto de Atacama, para recordar que hace un año la tragedia dio paso a la esperanza.

El esperado finiquito...

Una empresa estatal chilena comenzó este miécoles a pagar el 40 % de los finiquitos que la minera San Esteban, propietaria de la mina San José, debía aún a algunos de los 33 mineros de Atacama y a otros 261 compañeros que se quedaron sin trabajo hace casi un año.

A dos días de que se conmemore el primer aniversario del derrumbe, la Empresa Nacional de Minería (Enami) entregó en su sede en Copiapó los cheques correspondientes a 145 antiguos trabajadores de la mina, dijeron a Efe empleados de esa oficina.

Se espera que otros 80 trabajadores retiren su dinero este jueves, mientras que el resto, hasta sumar cerca de 300 operarios, podrán recoger el pago en las oficinas de Enami en Santiago. Con ello habrán recibido ya la totalidad del finiquito.

Entre los beneficiados están la mayoría de los 33 mineros accidentados el año pasado, aunque "los que están con licencia quedan pendientes" y la podrán recibir una vez les den el alta médica, explicó a Efe el minero Luis Urzúa.

También queda por dilucidar la situación de unos nueve de ellos que eran contratistas, y determinar si sus respectivas empresas se hacen cargo de esos pagos, según señaló a Efe el presidente del sindicato de San Esteban, Horacio Vicencio.

A las puertas del edificio de la Enami en Copiapó se encontraban tres de los protagonistas de la epopeya, Pedro Cortés, Carlos Bugueño y Jimmy Sánchez, que junto a otros 30 compañeros resistieron durante 70 días a 700 metros bajo tierra.

Sánchez, de 19 años, acudió acompañado de su padre, Juan, y no podía ocultar su alivio, ya que desde que le dieron de alta, el pasado diciembre, no ha encontrado trabajo, según contó a Efe.

También para Pedro Cortés, de 26 años, era cada vez más necesario recibir esos ingresos. "Por fin llegó la hora, por fin se pagó el finiquito, gracias a los 300 compañeros que estaban fuera y el apoyo que tuvieron de alguno de nosotros", dijo a Efe.

Según ellos, la mejor prueba de que la fama no les ha traído mayor fortuna es que han acudido raudos a retirar el dinero en cuanto éste ha estado disponible. "Si fuéramos ricos no habríamos venido corriendo", recalca Sánchez.

Este pago fue posible gracias a que el pasado 29 de julio el Gobierno se comprometió a otorgar un crédito por 500 millones de pesos (1,07 millones de dólares) para que la minera pagara el 40 % que resta de las indemnizaciones de sus trabajadores.

El ministro de Minería, Hernán de Solminihac, explicó entonces que este era un problema entre privados, pero señaló que el Gobierno quería facilitar las gestiones.

En cambio, el presidente del sindicato de la minera San Esteban, Horacio Vicencio, consideró que durante un año el Gobierno no había mostrado voluntad política para agilizar ese pago.

Los 261 mineros de la empresa que vivieron desde la superficie el drama de sus compañeros tenían incluso previsto manifestarse este viernes, día de conmemoración del accidente, para exigir el finiquito restante, que tendrían que haber recibido en marzo.

Ahora, con el dinero en el bolsillo, podrán decidir si se suman o no a los actos, que se esperan que reúnan a los 33 en una ceremonia ecuménica en la iglesia de La Candelaria de Copiapó, a 45 kilómetros del lugar de la tragedia.