Antes de la sonada reforma del mercado de trabajo y de un también necesario cambio del sistema educativo, existen otras posibilidades y prioridades más a corto plazo que pueden frenar la caída en picado de la economía. Italia ha dado los primeros pasos en este aspecto.
La reforma más importante, nos lo dijo el otro día el presidente del Instituto de Estudios Económicos,
José Luis Feito, es la del
mercado de trabajo. Recordemos porqué. Si se liberaliza el mercado de trabajo y se abarata el despido (que es abaratar la contratación), el paro bajará. Con ello caerá el gasto por los menores costes sociales. Y subirá la recaudación por IVA e impuestos directos. Si no lo hacemos no es porque los trabajadores no quieran una situación así, sino porque no la desean los sindicatos.
Pero no es lo único que se puede o debe hacer. Por descontado que, mirando al más largo plazo, necesitamos una
reforma del mercado energético y otra para nuestro
sistema educativo. Pero más a corto plazo (los mercados apremian), hay otras cosas que se pueden sumar a la reforma del mercado laboral. Mirémonos en el ejemplo de
Italia. El ministro de Economía de aquél país,
Giulio Tremonti, ha propuesto dos medidas tan razonables como necesarias: incluir en la Constitución un límite de deuda y una norma que impida los déficit, es decir, que imponga el equilibrio presupuestario. Ha hecho estas dos propuestas durante su intervención en la Comisión de Cuentas del Parlamento italiano. Por descontado que lograr estos cambios suponen un proceso “largo y difícil”. Pero con esas dos normas en la Constitución ¿no sería virtualmente imposible que el Estado alcance límites inviables de deuda pública? Por un lado por el límite que impusiese la Constitución. Por otro porque si se aprueban presupuestos equilibrados siempre aunque no se amortice la deuda, aunque se mantenga en la misma cantidad año tras año, su peso sobre el PIB será cada ejercicio más pequeño. Ese Estado es de fiar y podrá financiarse sin problema. De haber aprobado
España una norma así cuando
José Antonio Segurado la propuso allá por los años 80', España miraría la actual crisis europea desde la barrera. El “santo temor al déficit” nos habría salvado.
Por otro lado, Tremonti ha insistido en “la necesidad de conseguir el
déficit cero en 2013 y no en 2014”, lo cual hace necesario “un plan muy fuerte en 2012 y 2013”. No ha precisado cómo serían esos planes pero sí ha adelantado que incluye "la plena liberalización de los servicios públicos locales y de los servicios profesionales" y "la privatización a gran escala de los servicios locales". También prevé una "reducción de los sueldos en el empleo público" y paralizar el aumento de las pensiones. La situación del país la resume
Reuters con estas palabras: “El peso de la deuda pública, en alrededor del 120 por ciento del Producto Interior Bruto, es el segundo más elevado de la eurozona después del griego, pero un déficit relativamente modesto y un sistema financiero conservador, en general, habían escudado a Italia de los embates de la crisis hasta ahora. La presión ha crecido para que impulse reformas con las que animar a una economía casi paralizada”.
Aquí la prensa económica no da abasto para contar las reformas del Gobierno. Sólo que de lo que hace recuento es de aquéllas medidas que no van a tomar.
Ruth Ugalde, en
lainformacion.com, da cuenta de los cambios que no se operarán en nuestra política. Primero el porqué: “el hecho de haber acelerado cuatro meses, al
20 de noviembre, la cita con los comicios deja en el aire varias propuestas económicas, ya que sólo habrá dos semanas de actividad parlamentaria en septiembre, antes de que las Cortes queden disueltas, por lo que no parece que vaya a dar tiempo a terminar todos los deberes pendientes”. Y cita: 1) La reforma de la
Ley Hipotecaria, 2) el nuevo Régimen de
Empleadas del Hogar, 3) la prórroga de los
400 euros que ya ha pedido Rubalcaba para que duren hasta el 20N. Eso sí, aprobará por un decreto de urgencia el próximo día 19 varias medidas económicas, ninguna de calado.
El último apunte económico del día hace referencia a las previsiones sobre el desempeño económico general. Recogemos, al respecto, dos fuentes. El
Banco Central Europeo ha publicado su boletín mensual. Comencemos por las buenas noticias. La economía de la eurozona en el 2011, según la nueva apreciación del BCE, crecerá un 1,9 por ciento, dos décimas más de lo previsto hasta ahora. Ahora las malas: Ese dato se alcanzará a pesar de que se ven signos de “desaceleración” en el segundo semestre. Esto se explica porque “el crecimiento más sólido de lo esperado registrado a comienzos de año en la zona del euro”. Y cuando miran más allá de este año el panorama es peor que lo que antes tenían en mente. No es la última razón que se produzca "un posible impacto mayor de lo previsto de las medidas de austeridad y endurecimiento de la política fiscal, especialmente en los países de la zona del euro con dificultades fiscales".
Vamos con la segunda fuente. Es el
banco Danske, que traemos a menudo a estas crónicas, y que en una nota de este mismo jueves recoge lo mismo que hemos contado en este mismo espacio sobre la evolución de los indicadores adelantados. Lo hace con estas palabras: “Los índices adelantados globales continuaron deteriorándose en julio, lo que sugiere que el crecimiento global está encarando una dura batalla en el corto plazo a medida que los temores sobre la deuda pública están afectando a Europa y
Estados Unidos. En EEUU, el ISM manufacturero resultó débil en conjunto y en sus componentes. En
China hay signos de estabilización y
Japón ha mostrado una potente recuperación tras el terremoto, con una producción industrial recuperando gran parte del territorio perdido”. Y añade: “Esperamos que los indicadores adelantados caigan más en los próximos meses con, por ejemplo, los ISM alcanzando el entorno de los 45 puntos”. Recordamos que por debajo de 50 estos indicadores muestran recesión, y por encima crecimiento. “Esperamos que la crisis de la deuda sea un grave riesgo en los próximos meses. No obstante, la caída en los precios de los bienes contribuirán positivamente al crecimiento, particularmente en China”. Un panorama gris oscuro pero tampoco del todo negro.