www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

Sueños de primavera

jueves 03 de abril de 2008, 21:48h
Ayer, a media tarde, Zapatero pidió al escolta su móvil y tecleó el teléfono de Rajoy. Tras un afectuoso saludo, Zapatero le preguntó a Rajoy por sus niños, para inmediatamente responderle en los mismos términos y hacerlo por sus niñas. Rajoy no salía de su asombro, pero continuó dando muestras de cordialidad e incluso cercanía, aun cuando -pasados varios minutos- no podía comprender muy bien de qué iba aquello. Pensaba que era una broma de leonés que, crecido por sus millones de votos, deseaba hurgar en la herida todavía no cicatrizada de gallego. Pero Zapatero se iba abriendo poco a poco en sus preocupaciones políticas. Ya no se veía como un hombre de partido sino como un estadista ansioso de pasar a la historia con un busto de tamaño natural sin pintadas en el pedestal.

De pronto, Zapatero le espetó que estaba harto de pedigüeñismo de los nacionalistas, del destructivismo que pretendían de nuestra sagrada y venerada Constitución, de su doble lenguaje y hasta le llegó a decir que se arrepentía de haber dado su beneplácito a la reforma del Estatuto catalán. Rajoy se apartó un momento del teléfono y pidió un vaso de agua a su mujer. Se lo bebió de un trago pero no se vió con fuerzas para retomar el habano.

Zapatero no dejaba de hablar. Le recordó los viejos tiempos del consenso y la bondad de los pactos, y le invitó a conformar una legislatura con base en el acuerdo entre los dos grandes partidos. Rajoy llegó a atragantarse. No podía ser verdad lo que estaba oyendo. Le estaban proponiendo enterrar el Pacto de Tinell y diseñar una suerte de legislatura de concentración. No le pareció necesario consultar con la cúpula de su partido y le dijo que SÍ, con mayúsculas, con entusiasmo de recién enamorado. Zapatero le arrebataba su programa pero no podía negarse.

Y empezaron a profundizar. No habría condiciones previas. Todo quedaba abierto a la negociación, al diálogo con el Partido Popular. Hablaron de volver al Pacto por las libertades y contra el terrorismo, aun cuando se descolgaran del mismo algunos partidos nacionalistas. Se explayaron con el Pacto por la Justicia, previa renuncia por Zapatero a los Consejos autonómicos, a la justicia de proximidad y al control de la Fiscalía. El clímax se alcanzó -pues sobre el Pacto para la reactivación de la economía apenas intercambiaron tres palabras- al tocar el Pacto constitucional: blindar las competencias del Estado, reforma del sistema electoral con la fijación de una barrera nacional, resurrección del recurso previo sobre los Estatutos, modelo de financiación autonómica... Nada que objetar al Pacto sobre la política exterior y comunitaria... Fueron cuarenta minutos inolvidables, impagables, inconmensurables. (Ya nos imaginamos cómo los ha caracterizado Zerolo).

Al concluir la conversación telefónica ambos volvieron a la lectura de Kafka, y ambos repasaron las primeras líneas: “Una mañana Gregorio Samsa se despierta en su cuarto convertida en una extraña criatura insectoide”. Abajo el telón.

Enrique Arnaldo

Catedrático y Abogado

ENRIQUE ARNALDO es Catedrático de Derecho Constitucional y Abogado. Ha sido Vocal del Consejo General del Poder Judicial

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (4)    No(0)

+
0 comentarios