Marineros liberados en Togo: la historia se repite
domingo 25 de septiembre de 2011, 09:42h
La opinión pública española ha recibido con alivio la liberación de cinco marineros secuestrados el pasado 14 de septiembre en aguas del golfo de Guinea. Como ha informado este periódico, los marineros españoles formaban parte de los 23 tripulantes a bordo del petrolero “Mattheos I”, con bandera chipriota, apresado por piratas que han sustraído 7.500 toneladas métricas de gasoil, del total de 46.000 toneladas que podía trasportar el barco. La gran alegría con que, obviamente, se recibe la noticia de que los marineros secuestrados están sanos y salvos, no debe impedir que se reflexione sobre las causas que originan unos hechos inaceptablemente repetidos en los últimos tiempos.
En la memoria de todos están presentes los sucesivos actos de piratería que en los más diversos parajes han concluido con marineros españoles secuestrados y amenazados de muerte, ejerciendo los piratas un inadmisible chantaje a las autoridades españolas. En el recuerdo de todos permanece –entre otros- el caso del atunero vasco “Alakrana”, apresado por piratas somalíes en el océano Índico, cuyo rescate costó al Gobierno entre dos y tres millones de euros, además de una rocambolesca peripecia judicial que dejó en ridículo a las autoridades españolas. Tras salir al paso chapuceramente de tales situaciones, parece que no se quieran extraer las conclusiones oportunas ni tomar las medidas globales necesarias para impedir que tales sucesos se vuelvan a repetir. La piratería no es un problema circunscrito exclusivamente a la costa de Somalia, ni el modo de resolver los secuestros puede ser –como en el caso del “Alakrana”-, compensar de un modo u otro a los secuestradores: en realidad, una forma de remunerar y, por tanto, perpetuar la piratería. Hay que eliminar y cambiar el mensaje que lleva demasiado tiempo enviándose a este tipo de grupos que secuestrar españoles sale rentable.
El “Mattheos I”, último buque capturado, carecía de seguridad a bordo que hubiese impedido el abordaje de los delincuentes cuando realizaba la vulnerable operación de trasvasar gasoil a un barco noruego. Esta falta de seguridad para repeler el asalto se ha querido justificar aduciendo que no se trataba de una zona marítima especialmente conflictiva, cuando en realidad el golfo de Guinea ha sido escenario en los últimos meses de más de una veintena de barcos atacados en actos de piratería. El Gobierno no carecía, pues, de información, ya que desde el pasado julio disponía de un informe del ministerio de Defensa donde se señalaba la necesidad de prestar una atención preferente a los crecientes actos de bandidaje y piratería en la región del golfo de Guinea y del Sahel. Países como Estados Unidos y Francia ya desplegaron en la zona, durante el mes de agosto, buques de guerra para afrontar estas amenazas. ¿A qué esperaban las autoridades españolas con esta información en la mano? ¿Qué medidas urgentes determinaron llevar a cabo? ¿Era necesario aguardar a un nuevo secuestro para tomar disposiciones preventivas? La inoperancia habitual de este Gobierno, agravada por la parálisis que le aqueja en esta larguísima fase de agonía, ha quedado patentemente al descubierto de nuevo.
La portavoz de la empresa propietaria del petrolero ha insistido en que los secuestradores no habían pedido rescate para liberar a los marineros apresados, conformándose con el botín de las toneladas de gasoil robado. Extremo éste muy difícil de comprobar, dada la habitual opacidad informativa que acompaña a estos sucesos, cuando la ciudadanía merece la máxima trasparencia. Pero aunque este extremo fuera cierto, la impunidad del asalto y de un robo de tales proporciones no es más que un acicate para que los delincuentes vuelvan a actuar con más osadía si cabe. Sin vigilancia ni medidas de seguridad en áreas marítimas muy castigadas por la piratería, la actitud habitual de nuestras autoridades de no perseguir a los delincuentes marítimos, más que apaciguarles, es una garantía de que pronto tendremos que lamentar un nuevo asalto y secuestro. Algo que los marineros españoles no se merecen y contra lo que debemos reaccionar enérgicamente de una vez por todas.