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Crónica desde China

"La educación china me ha desquiciado"

viernes 30 de septiembre de 2011, 10:32h

La presión que sufren muchos estudiantes chinos, alentados por profesores y padres para conseguir las mejores notas y entrar en las universidades más prestigiosas, es uno de los grandes dramas a los que se enfrentan muchos adolescentes en este país. Con pocas aficiones, un montón de actividades extracurriculares y poco tiempo libre para jugar, muchos niños se sienten encerrados desde pequeños en una cárcel pensada para mayores. [Para un análisis en profundidad, pues leer "Gaokao, el examen más importante del mundo"]


Este tema es uno de los más debatidos en Internet, donde los jóvenes son mayoría y llevan la voz cantante. Entre los relatos en primera persona contando experiencias en las escuelas chinas, un artículo escrito en febrero de 2009 ha desperatado una gran atención en los últimos meses y semanas, pasando a ser alternativamente, semana sí semana no, uno de los contenidos más leídos en la página web del prestigioso semanal Nanfang Zhoumo.


El artículo, que traducimos a continuación, está firmado por Zhang Rui (??) y describe el sentimiendo de desesperación de un adolescente al que la escuela, la sociedad y los padres sólo saben juzgar de acuerdo con sus notas. El texto ha sido reproducido en numerosos portales de noticias, como Netease o QQ, y en algunos de los fórums más populares del país, entre ellos Tianya y Mop.




TRADUCCIÓN

La educación china me ha desquiciado

Zhang Rui (??), Nanfang Zhoumo.

La educación china me ha desquiciado. No tengo claro cómo he llegado a este punto.


El quinto curso [12 años] es el principio del sufrimiento: mi padre empezó a prestar atención a mis notas entonces, cuando entré en las clases de refuerzo. En sexto curso [13 años], mi padre me envió lejos de casa a estudiar para poder superar el examen para entrar en una buena escuela secundaria y alquiló una habitación junto al colegio en la que vivía yo solo. Cada verano, cuando mis padres tenían muchas cosas que hacer (los dos se dedican a la agricultura, y no son muy cultos), me encargaba de las tareas domésticas y cuidaba a mi hermanito. Para mí es así como debe ser la vida de los hijos de los campesinos. Durante los meses en los que estaba estudiando, nadie me venía a ver, y tardaba más de dos horas en volver a casa. No esperaba que, al ver a mis padres, la primera frase que oiría fuera una pregunta acerca de mis notas, y lo mismo me preguntaban al marcharme de vuelta a la escuela. Allí fue donde me di cuenta de la importancia de las calificaciones.


Tengo un primo al que toda la familia ha adulado siempre por sacar buenas notas, y en las fiestas de Año Nuevo un buen grupo de gente le dedica grandes elogios a sus padres. "Aprende tú también de los demás, habla con ellos, hazte listo…", me decía mi padre. Al ver que no movía un dedo, mi padre hacía que mi madre insistiera. Siempre he tenido complejo de inferioridad, pero la posibilidad de que simplemente por el hecho de hablar con estudiantes brillantes se me acuse del crimen de "haber pervertido a un buen estudiante" ya sería el colmo. "Qué vamos a hacer con esta escoria…", me llegó a insultar mi padre. Para él, todos los estudiantes por debajo del segundo puesto eran malos (en aquel entonces mis notas solían estar entre las 10 mejores, o alrededor del vigésimo puesto en el peor de los casos).


Viñeta que acompañó al artículo en el diario "Noticias Culturales" (????), una publicación de la provincia de Jilin.


Nadie me respetaba, y todos mis familiares me miraban por encima del hombro, seguramente por influencia de mi padre. En las vacaciones de verano, estaba ocupado con las tareas del hogar día y noche, y aun así le decía a la gente que yo era un vago al que sólo le gustaba comer y no trabajar. Casi no tenía escrúpulos para hacer que yo sacara las mejores notas en los exámenes, al principio golpeándome, y ahora ejerciendo presión, haciendo incluso que mis abuelos y otros familiares me presionaran.


Justo antes de los exámenes de acceso al bachillerato, mi padre me dijo una frase que nunca olvidaré: "Si no eres capaz de entrar en Jiangzhong (la mejor escuela de nuestro pueblo), ya puedes suicidarte. En casa tenemos pastillas y sogas…" Volví a mi habitación con lágrimas en los ojos. No alcanzo a comprender cómo es posible que entrar en una escuela sea más importante que un hijo. Al final conseguí entrar en esa escuela, pero mis familiares seguían mirándome mal, porque mi padre ya había hablado pestes de mí.


Delante de mi padre, nunca he tenido autoestima: para él, sólo los mejores estudiantes pueden tener autoestima.


Después del bachillerato, empecé a tener muchos problemas de salud, primero pensamientos obsesivos, y luego dolor de cabeza. Ya he tenido dos dolores de cabeza este trimestre, que cada vez me han durado dos semanas, y que he tenido que tratar con goteo intravenoso. El médico me dijo que los dolores de cabeza estaban causados por un exceso de estrés… y es que empezar esos estudios es tan espantoso como estar encerrado en una prisión.


En Año Nuevo de 2008, cuando volví a casa, me peleé una vez más con mi padre. Volvió a repetir esas palabras que me había dicho un sinfín de veces: "Si no puedes sacar una buena nota en los exámenes, ya puedes morirte, que no lloraré por ti…" Ya no podía soportarlo más, y me salió una frase del alma: "No me iría tan mal si no fuera por ti." Todo lo que recibía a cambio eran burlas. Mi tío decía que había que animarme, pero mi padre, dando un golpe en la mesa, respondía: "No es esa clase de personas, ¿de qué sirve animar a las bestias?". Salí de la habitación.


Mi padre y mis profesores sólo pensaban en las notas, pero a nadie le importaban mis sentimientos. Mi tutora solía llamar a mi padre para ejercer presión sobre mí, y cada vez que le explicaba la verdad, ella me correspondía con escepticismo y desdén, preocupada únicamente por la caída de mis notas.


Un día llevé a clase un volumen de obras completas de Maupassant y me lo confiscaron. Mi tutora me dijo que, si no mejoraba mis notas, no podía leer libros como ése, porque ese tipo de libros le llenan a uno la cabeza de tonterías. Al salir de clase el día siguiente, me puse a hojear el libro de relatos cortos Obras de la Casa de Ya (Yashe xiaopin, ????) de Liang Shiqiu (???), que también me confiscaron. Mi tutora ni siquiera me permitía escribir artículos breves, porque decía que el profesor de lengua y literatura no lo había puesto de deberes, y creía que era una pérdida de tiempo.


Dos días después, mi tutora llamó a mis padres para que fueran a la escuela. Les dijo que me dolía la cabeza por leer demasiadas novelas. Me quedé boquiabierto. “¿Quieres hacer el examen de acceso a la universidad? Dime la verdad”, me dijo ella. Mis padres estaban delante.


Después de dudar un buen rato, dije: “¡No quiero!” No debí haber dicho la verdad. A los profesores de hoy día sólo les gusta la hipocresía. ¡Después todo fue de mal en peor, y la delegada de clase y mi padre me tuvieron allí sermoneándome más de una hora! “Recoge tus cosas y vete… ¡Te voy a matar!” Después de escuchar a mi padre, salí precipitadamente de la oficina. ¡Basta ya…! El corazón me latía con fuerza, y temblaba un poco, pero hice algo que nunca me habría imaginado capaz de hacer: ¡Volví a la clase, y tiré todos los libros por la ventana! Había tenido suficiente, de verdad…


Llegué a pensar en suicidarme, pero no me resigno a que la educación china me torture. Odio a mi padre, pero nunca le he odiado realmente. Odio más a la educación china: es ella la que hace que los familiares midan el valor de la gente a partir de sus calificaciones. En un principio, este trimestre mi padre no iba a obligarme a estudiar, pero al final, convencido por muchas personas, he acabado volviendo a las clases, aunque ahora sólo espero morirme. Ya no lo aguanto más. Mientras escribo esto, sólo tengo una pregunta: ¿Qué debo hacer ahora?


¿Qué debo hacer ahora?




Más


ZaiChina: Gaokao, el examen más importante del mundo.Una educación sin corazón. / Gaokao 2010: menos estudiantes, misma presión.


Fuentes


Nanfang Zhoumo: click aquí


Diario Cultural La viñeta que acompañó al artículo.



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