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El declive socialista

Alejandro Muñoz-Alonso
lunes 10 de octubre de 2011, 19:12h
Cada vez parece más evidente que si Zapatero hubiera adelantado las elecciones varios meses más, incluso un año, los resultados del PSOE no hubieran sido tan malos como los que ellos mismos ya dan por descontados para el 20 de noviembre. La campaña de Rubalcaba es penosa, casi de vergüenza ajena, y, a más de las suyas, las intervenciones de sus inmediatos colaboradores, como las de la señora Valenciano, por poner el ejemplo más próximo, parecen encaminadas a erosionar aún más a un partido en plena descomposición. Si añadimos a todo ello episodios como el del ya famoso pero poco oportuno encuentro de Blanco en la gasolinera de Guitiriz (buenas aguas minerales) el panorama no puede ser más negativo para el partido que, en teoría, todavía gobierna. Es curioso, sin embargo, que no pocos ciudadanos no vacilen en expresar sus temores porque “estos son capaces de cualquier cosa”. Y es que se han ganado a pulso una justificada mala fama de partido que practica por sistema el juego sucio y que es capaz de los golpes más bajos con tal de no dejar el poder.

Especializado en violar las reglas del día de reflexión y en acosar sedes populares, desinflado el Gürtel –que en algún momento pensaron que era un “arma de destrucción masiva” para eliminar definitivamente al PP- y totalmente quemados sus intentos de presentar a este último partido y probable ganador como “el de la motosierra de los recortes” (versión actualizada del viejo doberman), al PSOE no le quedan más cartas falsas en la bocamanga. Todavía albergan, sin embargo, el sueño de que de aquí al 20 de noviembre ETA comunique que se rinde. Como quien espera la carta de la ex novia devolviendo el rosario de su madre. Pero no parece probable que los terroristas estén dispuestos a pagar la legalización de Bildu con un gesto tan radical, ahora que les va tan bien, instalados en las instituciones. Y da toda la impresión de que aunque se produjera algo de ese tipo, la enorme mayoría de los electores no iba a caer en la ingenuidad de que tal cosa merece y exige cuatro años más de desgobierno y tortura socialistas. El masoquismo tiene sus límites. Sobre todo si contamos con que, aparte de lo que ya tienen, los proetarrras aspiran a meterse en el Congreso de los Diputados, con la bendición del TC. La máxima del PSOE según la cual “todo vale” para llegar al poder o mantenerse en él, sigue vigente pero el recetario se les está agotando Aunque no es prudente nunca vender la piel del oso antes de haberle cazado, porque con esta gente nunca se sabe.

Pero como las perspectivas de derrota son siempre deprimentes y hay que intentar animar a la desfondada clientela, es necesario inventarse una de esas hojas de ruta que ahora se llevan tanto para demostrar a los suyos que en el socialismo están las claves del futuro. Y ya la tienen. Es muy sencilla y fácil de entender: En esta situación de crisis es inevitable que pierdan siempre las elecciones los gobiernos que están en el poder, afirman como dogma incuestionable. Y como la crisis va para largo porque –dicen- los populares no van a arreglar nada en cuatro años, porque además -¿alguien lo duda?- van a dinamitar el Estado de Bienestar. Todo ello hará inevitable –según esa hoja de ruta- que las siguientes elecciones las vuelva a ganar impepinablemente el PSOE. Y quizás –sueñan- no haya que esperar siquiera cuatro años porque ya nos encargaremos de sacar a la calle a los sindicatos, a los indignados, al 15 M y a quien haga falta –que para eso están y no para nada más- para hacerle la vida imposible al Gobierno de Rajoy. Y en sus ensueños se imaginan a un Gobierno popular tirando la toalla y dejándoles de nuevo la vía libre para sus EREs, sus comisiones, sus subvenciones y sus gasolineras. No descarten, queridos lectores, que si el PP gana el 20 de noviembre como prevén todas las encuestas, por los aledaños de Ferraz alguien diga algo parecido a aquello de la “amarga victoria”, cavilando que desde la oposición se pueden hacer muchas maldades.

Según lo que prevé esa “optimista” hoja de ruta –y como el que no se consuela es porque no quiere- ya dan por supuesto los socialistas españoles que también están a punto de perder las elecciones Sarkozy y Merkel. Y por ahora no dicen nada de Cameron porque le queda mucho mandato por delante. Ya veremos lo que sucede en todos esos casos, pero lo que sí está bastante claro es que en todo el mundo occidental la izquierda está agotada y que un resultado muy probable de esta larga crisis es la desaparición de la izquierda clasista nacida en el siglo XIX al calor de las ideas marxistas y que ni siquiera la socialdemocracia, que es el disfraz modernizado de esa vieja izquierda, está demostrando su capacidad para acomodarse al mundo moderno. Se dice que faltan líderes, pero sobre todo eso es cierto en la izquierda. Con el intervencionismo y el proteccionismo al que inevitablemente tienden los socialismos, con mayor o menor disimulo, no se va a ninguna parte en este mundo globalizado que ha dejado obsoletas todas las ideologías. Ni siquiera Obama -que aunque nada tiene que ver con la izquierda europea era como un semidios para los socialistas de por aquí- tiene segura la reelección. Los republicanos andan a la búsqueda de un candidato, aunque de momento no lo hayan encontrado. Y entre los demócratas ya hay una corriente que estima que en noviembre de 2012 sería mejor presentar a Hillary Clinton que a un Obama tan gastado.

Ante las afirmaciones del declive socialista en todo el mundo los socialistas suelen responder que también el liberalismo (o mejor aún el “neo-liberalismo” que suena peor) es también una superada ideología e incluso afirman que Adam Smith es anterior a Marx. Algo que sólo cronológicamente es verdad. Porque se equivocan, ya que el economista escocés no hizo más que recuperar y sintetizar lo que habían sido las prácticas de libre comercio y de la libertad de circulación de personas y mercancías practicadas en el mundo mediterráneo desde la época de los griegos y los romanos. El socialismo es un invento, mientras que el liberalismo es lo natural y lógico, precisamente porque se basa en la libertad. El socialismo nunca ha entendido esto y por eso anda dando tumbos buscando una identidad que perdió hace tiempo y que –se admiten apuestas- no se la va a encontrar Rubalcaba. Y como no tienen ideas se dedican a las trampas que en eso sí hay que reconocerles a los socialistas una acrisolada experiencia. Por cierto, no deja de ser curioso que su lema sea “ideas de verdad”. ¿No es un lapsus freudiano que desvela que hasta ahora todas sus pretendidas ideas –esas que alumbran su fundación- eran solo patrañas?

Alejandro Muñoz-Alonso

Catedrático de la UCM

ALEJANDRO MUÑOZ-ALONSO es senador del Partido Popular

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