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A vueltas con ETA: la trampa de un abrazo de Vergara corrupto

martes 11 de octubre de 2011, 00:46h
Si alguien sabe de ETA, ese es Javier Arzallus. De ahí que las declaraciones del líder nacionalista en las que asegura que “a ETA le quedan días” deban ser tomadas en cuenta, aunque con cautela. Cautela imprescindible cuando quien habla de terrorismo en época de elecciones es alguien del PNV; máxime si se trata de Arzallus. También desde el PP, Antonio Basagoiti ha alertado de la posibilidad de un comunicado-trampa de la banda.

El tema de ETA en campaña no es nuevo. La semana pasada, mientras Pachi López pedía el acercamiento de presos a Euskadi y Zapatero aplaudía la iniciativa, el Fiscal General del Estado, Cándido Conde-Pumpido ponía en acento en que la ley debe cumplirse y que forzosamente ha de haber vencedores y vencidos para, acto seguido, desdecirse por orden de Moncloa. También el ministro del Interior, Antonio Camacho, cambió de discurso de un día para otro a propósito del mismo asunto.

¿Quién sale ganando con todo esto? ETA, únicamente. La banda se sabe más débil que nunca, y juega las cartas de la división y la propaganda con maestría. Muchos son los retos que tiene ante sí España como para que sean los terroristas quienes marquen la agenda de campaña. Urge un gran pacto entre las fuerzas políticas para desterrar este asunto de mítines e intervenciones públicas. Sobre todo desde ciertos sectores del PSOE y el PNV, que parecen más pendientes de los verdugos que del resto de la sociedad, víctima colectiva en su conjunto.

Pero, sobre todo, ETA y algo más que su entorno llevan de un tiempo a esta parte realizando contorsiones mediáticas para ocultar o disimular una derrota: la de la vía militar. Un grupo significativo de nacionalistas eligieron hace ya mucho tiempo –y durante demasiados años- una opción militar y violenta para enfrentarse al estado democrático. Fue una apuesta dura y arriesgada, que ha causado sangre, dolor y destrucción, con la macabra esperanza que el Estado y la sociedad española no aguantarían el pulso. Se equivocaron y han perdido. Son ellos quienes no han aguantado. Desde esta perspectiva –y desde el punto de vista democrático- es preciso escenificar la victoria democrática y no caer en la trampa de una paz falseada por un abrazo de Vergara corrupto que devalúe y escamotee el triunfo de la libertad y la democracia. Debemos evitar una falsa equidistancia entre los verdugos totalitarios –con sus repugnantes procedimientos- y sus víctimas democráticas. Toda España, pero en especial el País Vasco, necesita una catarsis política y moral que escenifique la victoria de la libertad y repudie métodos violentos execrables.
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