RESEÑA
Ron Currie: ¡Todo importa!
domingo 06 de noviembre de 2011, 17:48h
Ron Currie: ¡Todo importa! Traducción de Pedro Donoso. Seix Barral. Barcelona, 2011. 496 páginas. 21,50 €
Cuando Ron Currie titula un libro ¡Todo importa! ese “todo” es literal, e incluye hasta los signos de exclamación que escoltan al título. Todo es importante en esta novela porque todo, desde las primeras páginas, está condenado a desaparecer y todo, desde ese momento, queda marcado en su existencia por la tensión y la responsabilidad que supone existir al borde del abismo. Heráclito nos avisó en su momento de que todas las cosas que existen guardan en sí el pecado de no ser también todas las cosas que podrían haber existido. El círculo es la forma perfecta, pero es también un cuadrado lamentable. El inteligente es un tonto echado a perder.
Los símbolos de exclamación en el título también son importantes, aunque solo sea por la envidia -nada de envidia sana, sino envidia a secas, envidia sin más, puro deseo de lo que el otro tiene y uno no- que despierta el hecho de que en la narrativa norteamericana parece posible arriesgar con formas y temas que la literatura en lengua española, y mucho más la literatura española, no se atreve o no puede abordar. Sería interesante saber si esto se debe a una falta de tradición, a un exceso de tradición, a una tradición (así, sin más), a la forma que tiene la industria -porque es industria- en estos lares o a algún tipo de inercia irrompible. Todo esto no habla ni a favor ni en contra de la calidad literaria. No tiene, de hecho, nada que ver con la calidad literaria. Se refiere únicamente al hecho de que, en la narrativa norteamericana, es posible escribir una novela cuyo título esté entre símbolos de exclamación y que no sea una absoluta idiotez sentimental ni un libro de autoayuda, a que es posible escribir una novela sobre el fin del mundo sin ser relegado, en ocasiones autoexcluido, al arrabal de la ciencia-ficción o de las alucinaciones milenaristas, a que se puede escribir una novela sobre la inteligencia -no desde la inteligencia, que también se da, pero eso es otra cosa- o sobre el Estado, y la familia.
Insisto, esto no tiene absolutamente nada que ver con la calidad literaria. Todos estos elementos, que están en la novela de Currie, podrían reunirse alrededor de una novela nefasta, sin ningún tipo de ritmo, en la que los personajes no despierten ningún interés. No es el caso. La novela de Currie, que ha recibido algunos halagos desorbitados por parte de la crítica, dista de ser perfecta. En este sentido, el hecho de que algunos de los mejores puntos de la novela sean también los más criticables nos lleva, sin embargo, a hablar de una obra importante. Posee un sentido del ritmo altamente eficaz, en el que algo habrá tenido que ver la traducción de Pedro Donoso. Los personajes son esa arma de doble filo de la que hablábamos: por un lado, encantadores, carismáticos y tremendamente atractivos. Por otro, seres un tanto estereotipados, condicionados por una idea central -aquí hay mucho de novela de tesis- que es la de que, como no podía ser de otra forma, esta ¡Todo importa! es, en el fondo, y a veces inesperadamente, una historia de amor.
Por Miguel Carreira