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RESEÑA

Frans de Waal: La edad de la empatía

domingo 06 de noviembre de 2011, 18:02h
Frans de Waal: La edad de la empatía. ¿Somos altruistas por naturaleza? Traducción de Ambrosio García Leal. Tusquets. Barcelona, 2011. 360 páginas. 22 €
Frans de Waal es un influyente primatólogo cuyos análisis de la conducta de chimpancés, bonobos y macacos han demostrado que los animales se preocupan por sus congéneres más de lo que imaginábamos, siendo la empatía un rasgo común a primates y a hombres. El descubrimiento de las neuronas espejo (Marco Iacoboni: Las neuronas espejo) y la cuestión de la empatía está resultando un campo fértil de investigación, como demuestra la publicación del libro de Jeremy Rifking, La civilización empática .El propio Barack Obama lo refleja en uno de sus discursos: “Creo que deberíamos hablar más de nuestro déficit de empatía […] Uno solo se da cuenta de su verdadero potencial cuando engancha su vagón a algo más grande que uno mismo.”

Nos encontramos entonces ante una dicotomía que no deja de ser clásica. Si la biología se utiliza para justificar una sociedad fundada en principios egoístas, generalmente se olvida el poder comunitario de la especie, capacidad común con muchos otros animales. Recordar y justificar esta frecuentemente olvidada parte de la naturaleza humana es la labor que se propone el autor del libro.

Frans de Waal defiende que se ha sostenido un mito sobre nuestros orígenes, caracterizado por la agresividad, la guerra y la superioridad de la libertad individual sobre la comunidad. Sin embargo, se trata solo de un mito, que ensombrece nuestra capacidad para la dependencia mutua, la colaboración y el servicio en el espacio de la vida comunitaria. La empatía nos conecta con la situación ajena y esto no puede reducirse a la visión sesgada que entiende que es solo “una ayuda a nosotros mismos”. A pesar de la fuerza retórica del argumento, si todo es un acto egoísta, la palabra pierde el significado. Ayudar, efectivamente, nos da placer, pero ese placer solamente llega por vía ajena, es un acto orientado genuinamente a los otros.

No pueden obviarse en un estudio como este las relaciones con las ideas de Darwin o Freud, que caracterizan la naturaleza humana de forma sombría. Un ejemplo contemporáneo es Richard Dawkins, el autor del famoso libro El gen egoísta. De Waal no defiende la inexistencia de genes “egoístas”, pero hay que entender que eso no dice nada de las auténticas motivaciones de personas o animales, separando el impulso de la evolución del comportamiento efectivo. Los rasgos producidos por la selección natural, dice De Waal, son ricos y variados e incluyen tendencias sociales mucho más conducentes al optimismo de lo que se suele pensar. Una sociedad basada en la empatía no está más libre de conflictos que un matrimonio basado en el amor. Con permiso de los mercados financieros, cabría añadir.

La conclusión de La edad de la empatía puede resumirse en que no somos obligatoriamente agresivos: es una cuestión de equilibrio entre una inocente confianza absoluta y una esperpéntica codicia sin freno. Este equilibrio inestable debería ser de gran utilidad para las decisiones que guían el navío del mundo entre la tempestad de una crisis que parece alcanzar la denominación de “sistémica”.


Por Joaquín Fernández Mateo
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