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Nueva alternancia en el bipartidismo

Lourdes López Nieto
lunes 21 de noviembre de 2011, 01:50h
La primera nota que merece ser destacada de las elecciones del 20N es la dificultad que supone analizar los resultados con cierta garantía, cuando el Ministerio del Interior hace desaparecer el magnífico archivo histórico electrónico de todos los procesos electorales con los que contaba su página web desde años. ¿Nos lo pueden explicar? ¿Acaso no le interesaba al PSOE que recordemos y estudiemos la historia electoral? Los últimos días de campaña el candidato socialista afirmaba y reiteraba el peligro que suponía para el país que el PP obtuviera una mayoría absoluta que se sumaría al poder territorial obtenido en las pasadas elecciones municipales y autonómicas. Por ello y pese a la citada “limpieza” en la www.mir.es , conviene traer a la memoria que tras la mayoría absoluta que el PSOE obtuvo en las elecciones de 1982 (202 escaños) fortaleció su poder político un año después cuando obtuvo la presidencia de 12 de las 17 Comunidades Autónomas y la mitad de los alcaldes, hegemonía que continuó durante varios años.

Una tercera singularidad propia del mandato gubernamental de Zapatero, que se suma a su incomparecencia pública en la noche electoral, es el lento escrutinio oficial, especialmente en lo relativo a la participación, que habitualmente se conoce con anterioridad. Dicha tasa, que es provisional como el resto de los datos de estos comicios, es la séptima de los otros nueve con los que vamos a comparar. Con casi el 72% de participación, supera la alcanzada en las elecciones de 1986, 1989 y 2000, en las que obtuvieron mayoría absoluta respectivamente el PSOE dos veces y el PP y las de 1979. Sin embargo, como he señalado en otros escritos, los abstencionistas constituyen casi un tercio del electorado, siempre superan la suma de los votantes a los partidos minoritarios y en esta ocasión han alcanzado los nueve millones y medio, poco más que en las de 2008. A la espera de la encuesta post-electoral, entre otros factores en esta elección, sobre la abstención habría vuelto a influir la fractura interna del PSOE, que se ha manifestado desde hace meses y que habitualmente castiga estos problemas partidistas. Estos castigos producen abstención y transferencia de voto a otras formaciones entre parte de su electorado, pero tiene la ventaja de obligar al partido que sufre las pérdidas a reorganizarse o refundarse.

La suma de escaños de los dos grandes partidos ha sido de 296, superando la obtenida en las 2 primeras elecciones (1977 y 1979) que eran hasta hoy las de peor resultado del PSOE en términos parlamentarios. También dicha suma fue inferior en dos comicios de mayoría absolutas del PSOE (1986 y 1989), en un caso coincidiendo con la salida de Fraga del AP (1986) y en otro poco después de la refundación del PP y el cambio de liderazgo (1989).

¿Estamos ante un cambio de ciclo electoral? Como sostuve en el análisis de las pasadas elecciones tampoco parece que la respuesta sea positiva. Respecto a las anteriores elecciones de 2008, el PSOE ha perdido más de cuatro millones de votos, pero mantiene “sus” siete millones de electores fijos. Las mayores pérdidas se han producido en dos de sus tradicionales feudos Andalucía y Cataluña (unos 800.000) pero también ha sido significativa la disminución de apoyos en bastiones populares (Comunidades de Madrid y Valencia, en Galicia y en menor medida en Castilla León). Ha perdido menos apoyos (menos de cien mil) en cuatro comunidades pequeñas: Rioja, Navarra, Cantabria y Murcia.

El PP por su parte ha mantenido sus diez millones de votos que alcanzara en las de 2000 y 2008 (9.700.000 tuvo también en las de 1996 y 2004), aunque en esta ocasión con la cifra más alta de voto. No obstante, en algunas Comunidades ha perdido votos en regiones donde obtiene la mayoría absoluta (Madrid y Valencia) y en Navarra pese a la coalición con UPN. Las subidas más significativas se han producido donde el PSOE ha perdido más apoyos, Andalucía y Cataluña.

Es preciso analizar con más detalle y calma estos cambios, que no creo signifiquen un vuelco o el inicio de un nuevo ciclo electoral. Cabe pensar que la volatilidad también obedece a los electores que adecuan su voto hacia el previsible partido de gobierno. Otros votantes se han dirigido a formaciones minoritarias, que aunque penalizadas por el sistema electoral, han aumentado su representación de forma significativa, especialmente UPyD e IU.
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