La regeneración imprescindible
jueves 01 de diciembre de 2011, 21:50h
Hace unos meses quien agitó en España las conciencias políticas al cantar las verdades del barquero sobre la pérdida de la cultura del esfuerzo fue el Presidente de Mercadona, Juan Roig. En el Congreso que reunía a las empresas más importantes del sector de la distribución y el consumo (que representaban el 20% del PIB), llamó la atención sobre la España del despilfarro y añadió ¿cómo vamos a salir de ésta si seguimos tirando dinero por las alcantarillas? La única forma de superar la crisis es con la “cultura del esfuerzo” pues la crisis solo acabará “cuando el nivel de productividad responda al nivel de vida”. Enseguida pasamos página, como siempre que se abordan asuntos molestos (no recuerdo una palabra de los sindicatos). Y él se dedicó a aplicar su fórmula visto el desierto en el que predicaba.
En la reciente Cumbre anual del Foro de Cooperación Económica Asía-Pacífico (APEC), se despachóa gusto el Presidente del fondo soberano chino CIC, que gestiona 300.000 millones de euros, con estas palabras: “Si se mira a los problemas de Europa, se ve que han sido causados exclusivamente por la acumulación de problemas de la sociedad del bienestar. Las leyes laborales inducen a la pereza y a la indolencia en lugar de al trabajo duro”.
Los programas políticos han traducido, ramponamente, estas (o similares) ideas en la reforma de la legislación laboral y, sobre todo, de la contratación. De la misma conocemos ya numerosísimas ediciones (con artículos cada vez más largos y enrevesados) que han ocupado debates farragosos, provocado huelgas y contrahuelgas. Ninguna de estas reformas, pomposamente tituladas como definitivas, han servido para dar respuesta al auténtico problema, que no es de patio de colegio, sino de un país inserto en una dinámica económica mundial en la que nos hemos ido quedando a la zaga, compartiendo el farolillo rojo con otros que no han sabido hacer los deberes.
No basta, evidentemente, con otra reforma laboral más, sino con una regeneradora y que rompa con los corsés heredados de una situación bien distinta de la actual. Desde luego esa reforma es no sólo imprescindible sino singularmente urgente pues cada día que pase es tarde. Pero no basta ni mucho menos.
Se ha ido instalando, en la sociedad hiperprotegida que hemos ido configurando a golpe de talonario, la cultura de la subvención, de la ayuda para todo, de la solidaridad en beneficio propio (pero sin feed-back), del mínimo esfuerzo porque recibo lo mismo (y al final no ocurre nada e incluso paso de curso). Y sobre esta base el presupuesto siempre es insuficiente pues siempre se requiere de más fondos para nuevas subvenciones y ayudas.
Como en la guerra fría, pero en el plano económico-social, vivimos al borde del abismo y existe el serio peligro de precipitación al vacío. La sociedad española exige una profunda regeneración en sus valores, y el primero de ellos es el del trabajo duro -como dice el representante del fondo soberano chino-, o mejor el del trabajo bien hecho –y por supuesto reconocido y premiado-, el del esfuerzo. Sin esta nueva cultura no podremos superar la crisis, por más entusiasmo que ponga el nuevo Gobierno.
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Catedrático y Abogado
ENRIQUE ARNALDO es Catedrático de Derecho Constitucional y Abogado. Ha sido Vocal del Consejo General del Poder Judicial
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