RESEÑA
Budd Schulberg: La ley del silencio
domingo 04 de diciembre de 2011, 12:17h
Budd Schulberg: La ley del silencio. Traducción de Marcelo Cohen. Acantilado. Barcelona, 2011. 400 páginas. 24.50 €
Se explica mucho Budd Schulberg en este libro. Para quien no lo conozca, Budd Schulberg fue uno de los guionistas más importantes de Hollywood durante la parte central del siglo XX. Además de un talento innegable, para alcanzar esta envidiable posición Budd contó con la ventaja de pertenecer a la llamada “aristocracia de Hollywood”. Budd era el hijo de B. P. Schulberg, uno de los grandes jefes de la Paramount, y creció entre estudios, rodeado de guionistas y de algunos de aquellos grandes escritores que se acercaban al maná de California para redondear sus ingresos. De todos ellos quizá el que tuvo más importancia en su trayectoria fue Scott Fitzgerald. La relación de Schulberg con Fitzgerald está en la base de una novela –El desencanto- que, pese a no contar con la madurez técnica de obras posteriores –sin ir más lejos, esta La ley del silencio es un verdadero manual en lo que se refiere a una cierta manera de construir los personajes-, lo compensa con una energía y unas dosis de fascinación por el mundo que hacen que sea muy tentador considerarla su verdadera obra maestra.
Como gran parte de los intelectuales de la época, Schulberg simpatizó con el comunismo. De hecho, Budd hizo algo más que coquetear. Schulberg estuvo enrolado en el Partido Comunista e incluso introdujo en él a gente como Ring Lardner Jr. Pero cuando llegaron los tiempos oscuros de la Caza de Brujas, Schulberg y el propio Lardner tomaron caminos opuestos. Frente a los interrogatorios de McCarthy, Lardner optó por la integridad. Se negó a citar nombres de otros comunistas y dejó una réplica para la historia: “Podría responderle, pero me odiaría por la mañana”. Su respuesta le costó el ostracismo. Schulberg optó por la delación. Junto al otro gran sicofante, Elia Kazan, firmó una obra maestra del cine para justificar su postura. La ley del silencio le dejó a Schulberg un Oscar que no necesita justificación desde el punto de vista artístico.
Como novela, La ley del silencio parte de la investigación realizada para la película, y no es una novelización, en realidad. Schulberg argumenta –y no le falta razón- que se trataba de valerse de los recursos propios de la novela para añadir profundidad a la historia. Lo que en la película es un relato centrado en un personaje y en las motivaciones de este para confrontar un sistema, en la novela se dispersa en una historia mucho más coral. No tiene sentido oponer película y novela en términos cualitativos. Simplemente, se trata de medios distintos que Schulberg diferencia y trata con sus respectivos recursos, aunque cabe la duda de hasta qué punto él mismo es capaz de liberarse de la sombra que esa distinción proyecta sobre él. Es decir, a fuerza de encontrar recursos específicamente literarios –por ejemplo, abundan las animalizaciones o cosificaciones de los personajes y las antropomorfizaciones de los objetos-- uno termina por preguntarse si esa necesidad de marcar las diferencias respecto a la película no acaban condicionando demasiado el tratamiento de la novela.
Por Miguel Carreira